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sábado, 20 de junio de 2009

Distance

Distance
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Me llamo Kousuke Miura. Soy un novelista de veinticuatro años amante de su trabajo, de la buena literatura y de los paseos nocturnos. Vivo en un bloque de apartamentos bastante decente, donde los vecinos mas mayores son extremadamente paternales conmigo y se respira un aura afable que no cambiaría por nada.
Los días en el hogar eran tranquilos, y podía dedicarme a escribir si ninguna interrupción durante horas, haciendo pausas muy cortas para comer lo que amablemente me habían preparado las señoras del piso de abajo.

En cierto modo, no puedo quejarme de la vida que llevo. Es productiva, satisfactoria y tranquila...O lo era.

-¿¡Como has podido hacerme esto!? ¿¡Cuanto tiempo me has estado engañando!? ¡Eres un idiota!

Los gritos me llegaron mucho antes de que terminase de subir la escalera. Insultos de una mujer enfurecida, seguido de golpes y mas gritos coléricos. Con un tono mas desinteresado, la vocecilla de un hombre se escuchaba entre medias.
Suspiré y me coloqué mis gafas cuadradas de montura negra, resignándome a pasar por esto otra vez mas, llegando por fin a mi piso y viendo la puerta contigua a la mía abierta de par en par, mientras una chica pelirroja en ropa interior se vestía en medio del pasillo, gritando a su interlocutor.

Maldecí profundamente que mi puerta quedara la segunda junto a las escaleras, porque tendría que pasar por delante de aquella incómoda escena; y cuando al fin saqué la llave para poder entrar, la mujer se había desahogado y, dejando perdido el pasillo de zapatos y ropa, marchado a zancadas.
Y volví a suspirar. Últimamente es lo que mas hago.
Hace seis meses y medio tenía unos vecinos muy agradables. Un matrimonio que tenía un hijo encantador y muy educado. Pero a causa del trabajo del esposo tuvieron que mudarse; y es cuando los problemas comenzaron, ya que el siguiente vecino no fue tan encantador...

Caminé a la puerta de al lado, recogiendo las cosas que estaban esparcidas por todos lados (entre ellas un lubricante) y me asomé. El salón se veía perfectamente desde la puerta, donde podía apreciarse el caro sillón italiano y la inmensa televisión de última generación a un lado. Sería una visión agradable, pero perdiéndose por un pasillo de la izquierda había un caminito de trastos, ropa, mas zapatos y mas juguetitos puramente sexuales.
Era algo para hacerte subir los colores...

-¿Morinaga? -Me aventuré a poner un pié dentro del recibidor. Al poco, salia mi vecino, desnudo y rascándose la cabeza, como si estuviera mortalmente aburrido.

-Ah, que fallo, esta es la segunda vez que me pasa...-Murmuraba, hasta que se detuvo y me vio-. Eh, ¿que pasa, Koi?

Y aquí está, señores. El tipo mas desvergonzado y mujeriego que jamás he conocido. En estos meses he aprendido que para Morinaga Ren no hay nada que no se pueda sortear. Es un chico dos años menor que yo, con una visión de la vida que se resume a “Diviértete y disfruta” ; donde al parecer viene incluido el no sorprenderse por nada, mantener siempre una calma abrumadora y tener menos vergüenza que nadie.

-No me llames Koi-. Dije, desviando un poco la vista de su cuerpo bronceado y escultural, o de esos ojos teñidos de lujuria que siempre tiene-.¿Te han vuelto a dejar? ¿Que has hecho esta vez? -me quité los zapatos, cerré la puerta y entré para dejar todo lo que había recogido sobre la mesa del salón. Morinaga seguía ahí en medio, sin ropa y con cara de resignado. Siempre tiene cara de resignado.

-Nada importante. Solo se me escapó el nombre de Emi mientras follaba con...con ella- señaló la entrada para aclarar que se refería a la mujer que se acababa de ir.

¿Y eso no era importante?

-No sabes su nombre, ¿verdad?-lo miré con sospecha-.¿Estabas saliendo con ella y no sabías su nombre?

-Eh, que empecé a salir con ella hace dos meses. Keiko...Reiko...algo así-dijo, como si con eso pudiera exculparse.

-Oh, pero hace dos días estabas con una que no era esa -le recordé.

-¡Esa era Emi! -sonrió. ¡No sonrías, tonto!

-¿Y la de la semana pasada? -insistí, para ver si se daba cuenta de a donde quería llegar.

-Miki...creo. ¿O era Yoko? -se quedó pensativo, mientras yo ya lo daba por perdido y recogía la sábana que colgaba del sillón para echársela por encima.

-Siempre lo mismo. No quiero ni preguntar que ha pasado con todas esas pobres mujeres...

-La mayoría se ha enterado que me lío con otras. ¿Que quieres que haga con esto? -me mostró la sábana.

-¡Que te tapes, obviamente! -Dios, a veces agota mi paciencia- Morinaga, debes dejar de hacer esto o saldrás mal parado. Ya te lo he dicho las otras veces que los gritos de una mujer me han hecho venir hasta aquí. Un día de estos te encontraré con una bala atravesando tu frente.

-¡No te preocupes, Koi! -Se colgó la sábana al hombro, sin dignarse a hacerme caso- Estoy bien, a cada fallo aprendo cosas nuevas. Iré a darme una ducha, ¿te importa recoger todo esto?

Se le veía venir...que predecible.

-No, tengo trabajo. La fecha de entrega es...

-¡Venga! -ronroneó como un infante, mientras me daba la espalda y me guiñaba un ojo- Es el precio que tienes que pagar por verme desnudo. ¿O quieres irte a casa porque se te ha levantado? Oh, que dura es la soledad del gay...

-Que si, que si, ya lo hago. Lárgate de una vez.

Sonrió triunfante y se metió en el baño.
Pues si, soy gay. Y normalmente lo suelo esconder a la gente con la que no tengo confianza. Pero Morinaga me pilló in fraganti besando en el recibidor a un chico con el que salía; y que por culpa de su profesión tuvo que viajar lejos de Japón. Recuerdo que fue el momento mas incómodo de toda mi vida, y cuando por fin nos quedamos solos, no podía ni mirarle a la cara, deseando que desapareciera y no tuviera que volver a verle. Por desgracia, me quedé helado cuando lo vi entrar en el apartamento de al lado; viniendo poco después para “saludar”.

“¿Eres gay? Soy Morinaga Ren y viviré aquí a partir de ahora, así que intenta no enamorarte de mi porque soy completamente hetero, ¿vale? ¡Un placer!”

Por su forma de hablar y de comportarse, se veía al instante que no decía nada con mala intención. Aún así, fue la presentación mas rara que me habían hecho. Menos de una semana después, pasé de “Kousuke” a “Koi”. Un juego de palabras bastante provocador...
Desde que llegó mis momentos tranquilos se han reducido considerablemente. Para colmo, solo yo tengo que aguantarle, ya que soy su único vecino por ser la suya la última puerta.
Gemidos, quejidos, frases obscenas, los gritos de una pelea, mas gemidos...Este chico no para, es un Sex symbol.

Considero que la mayor estupidez que puede cometer un gay es enamorarse de un hetero; es algo que tengo presente todos los días de mi vida, sobre todo en los momentos en los que Morinaga decide que “no es problema andar desnudo delante de las visitas”. También tengo solucionado lo de los gemidos...Bueno, me cuesta acostumbrarme a sus horarios tan impredecibles, pero nada que un largo paseo o unos auriculares bien altos no solucione.
Pero aún con todo, se dan este tipo de situaciones...

> ¡Ahh, Ren! ¡Reen!

> ¿Que tal? ¿Te gusta por aquí...?

...Morinaga es un pervertido. Un pervertido de los grandes; de esos que te atan a la cama y te torturan con pecaminoso placer hasta que le tienes que suplicar.
Son las doce de la noche pasadas, y empezaron a las nueve... Y seguramente será otra chica distinta, como si lo viera.
Cuando empezaron a escucharse ruidos sospechosos tras las paredes salí a dar un paseo. Cené fuera y volví. Subiendo la escalera ya los podía oír retozando, así que me volví a marchar. Bebí una copa en el bar de ambiente donde conocí a mi último amante y regresé de nuevo. Cuando entré en casa los escuché...¿Cuanta energía tiene Morinaga? Y ya no digamos Morinaga, ¿que pasa con esa mujer? Me pregunto quién de los dos será el insaciable...

El caso es que, después de que los paseos y los auriculares no funcionases, me fui a dar una ducha...Y ahora estoy sentado dentro de la bañera con el agua al cuello y una erección que ya me está doliendo...

¿¡Que demonios me puede atraer de escuchar a una pareja heterosexual haciéndolo!?

> ¿La quieres mas adentro? No creo que quepa toda...

...Vale, ese es un ejemplo de lo que me atrae. Bastante gráfico, Morinaga...
La última vez que lo hice fue la noche anterior a que mi amante me dejara. Fue una noche increíblemente pasional, pero después de tantos meses, siento que las necesidades me abordan de nuevo...¡No, no! ¿Por que con Morinaga?

Hundí la mano en la agua y la posé en mi muslo derecho...

Ya había decidido que él estaba muy fuera de mi alcance. No soy tan idiota como para enamorarme, es sólo que necesito descargarme para no cometer locuras.

Deslicé esa mano haciendo zig zags hasta mi bajo vientre...

¿Descargarme? ¡Sueno como alguien que se lo monta con cualquiera! O peor...¡Sueno como Morinaga! ¡Vuelve en ti, Kousuke!

-¡Ah...! -Temblé cuando aquella mano con vida propia había envuelto mi miembro despierto; y solo me faltó la varonil voz de Morinaga tras la pared para empezar a moverla, frotando despacio e incrementando el vaivén mientras abría las piernas todo lo que la bañera me permitía. Me llevé un dedo a la boca para no gemir mas de la cuenta, ya que las paredes son finas para ambos lados.

La voz de Morinaga me venía a la mente como si estuviese hablándome desde la puerta del baño...

“¿Te gusta, Koi? ¿Que tal por aquí?”

-Mhfu...Ah... -Cerré fuertemente los ojos para recrear esa imagen de un Morinaga completamente sexy, entregado a esas cosas que nunca me haría...

“¿Quieres que te la meta? Seré delicado para no romperte...”

-Hum...Si... -Imaginando esa sonrisa y esos ojos que pone, llenos de incansable lujuria y poder de convicción. El dedo que antes mordía se a escabullido también debajo del agua para entrar en mi en un pobre simulacro de sexo con Morinaga.

“Kousuke, voy a...”

-Mori... Ah, ¡Ahh! -Me estremecí y me arqueé hacia delante, casi tocando la superficie del agua con la nariz. Me acababa de sacudir un orgasmo increíble...Supongo que será por estar tanto sin hacer absolutamente nada.
Ah, no podré mirar a Morinaga a la cara en un tiempo... Espero que esto no se repita...

Dicho y hecho. Allí estaba Morinaga.
Al principio pensé que aún estaba fantaseando, ya que estaba sin camisa y tenía una expresión increíblemente adorable. Luego me dije que era una grandísima tontería que las fantasías fuesen tan realistas, sobretodo cuando el calentón del momento había pasado.

-Vaya, lo siento, Koi...-Se llevó la mano a la nuca y se rascó la cabeza, mirando al suelo-. Es que cuando salí a despedir a...a una chica, escuché un grito y pensé que te había pasado algo.

Puso los brazos en jarras y avanzó hasta la bañera para agacharse junto a ella y mirarme, como si nada acabase de pasar...Espera, ¿desde cuando estaba ahí? Me parece que se me escapó su nombre...Ah, creo que me estoy mareando...

-Koi, ¿tienes cerveza? En casa no queda y...¿Koi?

Lo último que vi fue la superficie del agua estampándose contra mis narices...

Mientras estaba (tontamente) desmayado por la impresión, me vinieron a la cabeza muchas cosas... Una de ellas era el por qué tenía tan poco aguante y me había desmayado así, por las buenas. Lo otro eran reproches por haberme masturbado pensando en un vecino que, curiosamente, se había convertido en uno de mis mejores amigos. Después me preguntaba incesantemente por qué no había cerrado la puerta con llave...
Y ya por último todo se volvió confuso. Lo sé porque unos consoladores con forma de Morinaga me perseguían hasta arrinconarme en un callejón oscuro...

-¡Eh! -me zarandearon- ¡Tío, despierta!-me volvieron a zarandear hasta que tuve que despertarme, temiendo marearme mas con tanto movimiento.

Nada mas verme, completamente desnudo sobre el sofá del salón, cogí uno de los cojines y me tapé, encogiéndome en una esquina mientras Morinaga sonreía con esa expresión infantil.

-¡Hombre, que mal rato! Casi te me ahogas en la bañera, ¿estás bien?

-Bien...si. Gracias... -Como suponía, no puedo mirarle. ¿Me habrá oído?

Contrario de lo que me esperaba, posó su gran mano en mi cabeza y me despeinó el pelo aún mojado, como si aquí el mayor fuese él.

-¡Venga, no le des tanta importancia! Todos nos masturbamos alguna vez, ¡es sano!

-¿Ah? -¿a que viene ese sermón? Ni que fuera un adolescente virgen...

-Si tanto te preocupa, te diré que no vi nada. Llegué cuando terminabas -Y lo dice así, sonriendo como si el hecho de encontrar a un vecino gay haciéndoselo en la bañera fuese parte de su rutina diaria.

Espero seriamente que no una cabos y descubra por qué lo estaba haciendo...Pero el saber que no escuchó nada comprometedor de alguna forma me ha quitado un peso de encima.

-Vale, olvidemoslo -dije, aún hecho una bola en un costado del sillón y tapándome con el cojín. Empiezo a tener frío.

Morinaga extendió mas su sonrisa, se coló en mi cocina y asaltó la nevera.

-Entonces, ¿tienes cervezas?

-Al fondo tienes un pack de seis, puedes llevártelas-me levanté, ya sin ningún complejo importante y me fui al baño a por el albornoz. No es que sea como Morinaga respecto a exhibirme, pero si ambos somos hombres no hay que preocuparse demasiado (claro que Morinaga tiene este concepto mucho mas suelto).

-¿Por qué compras cervezas si apenas bebes? -me preguntó, con el pack de latas bajo el brazo.

-Porque sé que vendrás a pedírmelas -me sequé el pelo con la toalla.

-¡Pues gracias, Koi! -volvió a sonreír, dándome una palmada en la espalda tan fuerte que casi me voy de narices. Me sorprende que, con la nula capacidad que tiene de controlar su fuerza, las mujeres quieran seguir acostándose con él...

¿Como de salvaje será en la cama?


Maldita conciencia, ¡cállate!


A la mañana siguiente recibí la visita inesperada de mi editor, el cual se solía pasar por mi casa una vez cada dos semanas para ver la evolución del trabajo. Pero por las nefastas circunstancias sexuales de mi actual vecino, no suelo dejarle pasar mas de cinco minutos. Simplemente cuando viene, recojo todo lo hecho hasta ahora de la novela y vamos a una cafetería.

El editor es extremadamente estricto en cuanto se refiere a el lugar de trabajo y las condiciones de los escritores. A causa de ello, unos cuantos novelistas a su cargo tuvieron que mudarse a lugares mas tranquilos porque, según el editor, “un escenario en malas condiciones hacía que la mente del escritor se distrajera”...O algo así.
Por nada del mundo quiero que escuche a mi vecino y a una mujer desconocida retozando como conejos...Me mandaría a una isla desierta con la excusa de “buscar la tranquilidad”.

-Noto mucha pasión en esta escena -dijo, ojeando una de las paginas mientras sorbía algo de café-. ¿En que estabas pensando ese día? ¿Algún ser querido? ¿Alguien del pasado? -Me miró por encima del folio, escrutándome.

-¿Por qué lo dice?-Me empezó un tic en la ceja que me encargué de detener antes de que se diera cuenta. Nos habíamos metido en la pastelería francesa dos calles mas abajo.

El editor volvió la vista a la hoja, dejó su café sobre el plato y leyó:

-”Entrelazaron las manos, sintiendo el pulso desenfrenado en la punta de sus dedos. Se miraron, como si no tuvieran futuras ocasiones para hacerlo, demandando silenciosamente el amor del otro entre las ráfagas tibias de otoño. Quizás aquel día quedase grabado como una página mas de un diario; un día en el que sentir tristeza y nostalgia por un amor que has perdido.”

Me limité a escucharle mientras pinchaba con el tenedor la fresa sobre mi trozo de pastel. Esa era la escena que tenía pensada para el final de la novela, pero la escribí antes porque me vino a la mente y me resultó buena.

-¿Aún piensas en Kakei? -me preguntó, y a mi se me resbaló el tenedor de entre los dedos.

-No...-volví a recogerlo y lo coloqué a un lado-. Es decir, han pasado casi ocho meses desde que se fue, estoy bien.

Si, mi editor sabía de mis inclinaciones, y al parecer eso le hacía ser mas sobreprotector. Cuando mi último amante se fue por trabajo, él fue quien me apoyó en todo momento.

-Se que lo estás. Tus historias siempre reflejan tu estado de ánimo en cada momento. Miura-sensei, sé por ellos que nada te perturba, pero...aquí parece que te sentiste muy solo -me mostró la página que acababa de leer-. Si el sensei quiere compañía, yo puedo intentar dársela.

Este chico, a pesar de tener solo cuatro años mas que yo, es realmente maduro.

-¡Vamos, vamos! -sonreí para aligerar la tensión- ¡No tienes que preocuparte! Voy bien para el plazo de entrega, ¿no?

-En realidad no tanto -Ah, acaba de pasar de modo “hermano mayor” al de “trabajo” en un segundo. Se acabó lo que se daba...-. El horario de hoy le exige desplazarse hasta el centro comercial central para una firma de libros, luego tenemos que ir a la editorial, ya que el presidente personalmente quiere reunirse con usted. Además tiene que revisar las ilustraciones de esta novela y elegir el encuadernado; a parte de que el plazo de entrega se le está viniendo encima y tiene el lujo de permitirse estar aquí comiendo dulces.

-Me...¡Me das miedo...! -me encogí.

-Lo siento, pero tenga miedo en su tiempo libre. Ahora hay que irse- y con la misma me cogió de la camisa y me arrastró fuera, mientras la camarera nos recordaba que no habíamos pagado la cuenta.

Normalmente, los días de trabajo de cara el público suelen ser así de ajetreados. Sobretodo si hablamos de una firma de libros. Los de la editorial suelen hacer dos eventos por novela (cuando sale a la venta y tres meses después), y el número de fans parece que se incrementa de uno a otro.
Estar sentado en una mesa en medio de una multitud de seguidores no es cosa de broma...

También están las reuniones con el presidente. Es un hombre sabio, bueno, alegre...vamos, un prototipo de padre perfecto. Pero es tan indiscreto preguntando cosas personales que no hay ni una sola ocasión en la que no salga sonrojado de su despacho.
Luego mas de lo mismo; encuadernado, ilustraciones (la chica que las hace está en mi misma acera y me gusta mucho hablar con ella, porque es un sol) y ya, completamente desfallecido, puedo volver a casa arrastrándome, mientras el cielo se tiñe de naranja y los cuervos parecen insultarme con sus graznidos.

-No puedo mas... Necesito tumbarme y no moverme hasta mañana... -me dije, casi terminando de subir el último tramo de escaleras (¿Por qué sigo subiendo por aquí habiendo ascensor?).

-¡Eres un cerdo machista! ¿¡Te diviertes haciendo esto!?

Oh, no...Hoy no, por favor...
Después de un par de gritos mas, el sonido de una bofetada. Luego una carrerilla de tacones y la mujer en cuestión bajando de dos en dos los escalones.
Cuando por fin desapareció, me despegué de la pared y llegué a mi piso, donde por suerte esta vez no había nada regado por el pasillo.
Me iba a asomar a la puerta cuando una segunda figura se levantó frente a la mía, después de haber estado sentado junto a una gran maleta de viaje.

Sentí a mi corazón golpearme tan fuerte que pensé que se pararía. El cansancio de mi cuerpo me abandono, al igual que las ganas de “consolar” a Morinaga por su nueva ruptura. El tiempo avanzaba demasiado lento para mi gusto...

-Ah, Koi...-la voz de Morinaga me traspasó como una brisa de viento repentina. Di unos pasos torpes hacia el frente, mientras aquella otra persona avanzaba a pasos largos hasta a mi, no frenándose hasta abrazarme fuertemente entre unos brazos que había echado demasiado de menos...

-He vuelto, Kousuke -Una voz que añoraba mas que a otra cosa, una calidez que reavivaba estos fríos sentimientos abandonados. Sentí un nudo en la garganta que me impedía decir algo, preguntar o gritarle.
Aferrándome a él, solo me salió la frase que había esperado decir durante toda aquella espera:

-Bienvenido a casa...Kakei.

El concepto de tiempo fue lo que menos me preocupó esa noche. Y mucho menos todo lo que había a mi alrededor. Un anhelado peso me oprimía el cuerpo contra la cama, las sutiles caricias impregnadas de deseo paseándose por mi piel receptiva y aquel ritmo enérgico y gentil, mientras ahogaba mis gemidos entre besos desesperados por mostrar amor.
Sin tregua, susurrando, gritando mutuos sentimientos; mi cuerpo se estremecía mientras le abrazaba, como si todo aquello fuese un espejismo mas de mi subconsciente.
La noche se hizo día, y mis lágrimas lograron expresar todo aquello que con palabras no podía.

[…]

Abrí los ojos al día siguiente con un extraño sentimiento de satisfacción. Miré a la ventana, por donde entraba el sol y tuve una nítida reconstrucción de la noche anterior. Rápidamente, miré a mi lado, esperando estar compartiendo la cama con Kakei.
Pero estaba vacío.
¿Es posible que hubiese sido un sueño?

-¿Kakei? -me levanté, y me vi a mi mismo sin ropa, con marcas claras que lo acontecido había sido real. Pero aún me inquietaba. ¿Y si se había vuelto a ir?

Apreté las sábanas que parcialmente me cubrían, intentando no derrumbarme ante esa posibilidad; y cuando quise volver a llamarle apareció en la puerta, vestido solo con sus vaqueros de ayer y cargando una bandeja.

-Buenos días, Kousuke. ¿Te he despertado? -Avanzó hacia mi, dejando la bandeja a mi lado para luego acercarse y besarme la frente.
Sin mayor miramiento, le rodeé el cuello con mis brazos y le besé, como si aún no me creyera que fuese real. Kakei imitó mi gesto y compartimos caricias superficiales un rato mas antes de desayunar.

Mientras comía me contó sobre sus trabajos y los últimos destinos visitados. Kakei es un fotógrafo bastante reconocido por sus capturas de paisajes y su extenso repertorio de “las maravillas del mundo”. De alguna forma al ver sus fotos tienes una extraña sensación de humildad...

-Te hubiese encantado Roma, Kousuke -contó con entusiasmo-.Tiene mucha historia e infinidad de obras de arte. Hice una foto del Vaticano solo para ti, tienes que verla.

-¿Entonces tenías la intención de volver? -pregunté, con al mente menos nublada que anoche-¿Por qué no me lo dijiste?

-¿Me hubieras esperado?-sonrió amargamente. Yo boqueé y no dije nada- No quería que te restringieras esperando a un hombre que ni siquiera sabías si volvería. Pero en este último viaje me ha dado tiempo a pensar en algo...

-Te quiero, Kakei -bajé la cabeza de nuevo a las sábanas-. Te hubiese esperado el tiempo que hiciera falta si me jurases que al volver sería para siempre.

-Kousuke...-susurró, casi amargamente, antes de continuar con algo que me hizo recordar cierta escena en el baño-.Entonces, ¿no has vuelto a salir con nadie?

¿Es normal preguntar eso después de hacer el amor por horas?

-Claro que no...

-¿Y que hay de ese chico de al lado? -preguntó, y mi gesto de alzar el rostro para mirarle se congeló al notarme las mejillas ardiendo. La maldita escenita del baño era demasiado reciente...

-Es solo un chico que...se mudó hace poco. Además, es un hetero adorador de las mujeres.

-¿Y a que venía lo de “Koi”? -Oh, así que escuchó eso...Que raro, porque yo apenas me acuerdo.

Algo mas calmado, le miré. Kakei era increíblemente atractivo. Tenía el pelo corto y negro azabache, con unas facciones adultas y bien proporcionadas. Era casi tan alto como Morinaga, pero no tenía tanta musculatura como él. Siendo así, lo que me extraña es que él no haya salido con nadie desde que me dejó.

-Es solo un apodo-aclaré antes de preguntar:- ¿Y tu? ¿Has salido con alguien?

-He hecho mucho el idiota, pero nunca era nada serio. Al único que quiero de verdad eres tu, Kousuke-me atrajo hacia él y me abrazó, como pidiéndome perdón por sofocar sus necesidades masculinas con otros.
...De hecho, no puedo reprocharle nada, porque en primer lugar en ese tiempo no éramos amantes y en segundo lugar yo también he fantaseado con alguien que no era él, así que estamos a mano.

Volvió a besarme, y se me quedó mirando mientras pegaba su frente a la mía y me acariciaba el pelo. En esos momentos poseía esa mirada de determinación que me indicaba que tenía algo serio entre manos. Y cuando quiere decir algo serio, siempre me coge de los hombros antes, como creyendo que voy a escapar...Justo como lo está haciendo ahora.

-Kousuke, lo he estado pensando mucho y...

Me quedé quieto, sin apartar mis ojos de él, escuchando hasta el final su propuesta.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

-No sé como lo llamareis vosotras, pero para mi está claro.

-Es un auténtico machista presumido.

La música resonaba tan alto que a penas podían oír las palabras de quien tenían en frente. De modo confidencial, apartaron las bebidas de la mesa para apiñarse y poder seguir con la conversación.

-¿Cuándo empezó contigo?

-El mes pasado.

-¡Conmigo hace dos meses! -dijo con un tono mas duro que el resto, a lo que su interlocutora respondió con una mirada de rencor.

-¡Eh, de nada servirá que nos peleemos entre nosotras! ¡El culpable es él! ¿Vais a perder el tiempo discutiendo por quién se lo queda o vais a uniros a esto? Pensé que estábamos todas de acuerdo con el plan...

Ambas mujeres se miraron antes de asentir, como si se hubiesen dado cuenta del motivo que las había impulsado a reunirse.
La mujer que había logrado radicar la paz, sacó de su bolso de piel una agenda y la dejó en el centro de la mesa, abierta por los inicios del año.

-Según he revisado, desde que comenzó el año ha estado saliendo con ocho mujeres. Si sumamos los ligues de una noche y demases, hacen un total demasiado grande como para perdonarle.

-¿Ocho? ¿Dónde están las otras tres?-preguntó una al ver que solo eran cinco sentadas a la mesa.

-Una de ellas trabajando. Y a las otras dos como que no les interesaba mucho todo esto.

-Pasando de ellas pues, ¿como lo haremos? No puede sospechar...

-No habrá ningún error. Os contaré lo que he pensado... -La mujer que había expuesto la agenda comenzó a hablar, mientras las otras se esforzaban por oírla entre la música del Club.

[…]

Morinaga Ren era un chico liberal, sin prejuicios. No tenía ningún problema con aquellas personas que no fueran iguales que el resto, o que no fueran del todo normales. Le gustaba tener amigos de todo tipo, llevarse bien con mucha gente diferente...

Por eso no entendía aquel sentimiento de abandono que le invadió cuando su vecino pasó de largo su puerta por primera vez en seis meses para ir a encontrarse con aquel hombre que le esperaba con los brazos abiertos.
Es verdad, su vecino era de “ese tipo”, y no iba a ser menos que él... También tendría sus ligues y sus amantes; lo cual estaba bien. Claro que estaba bien. Y le parecía justo no interrumpir aquella noche de pasión desenfrenada, ya que era su vecino el que le aguantaba todas las suyas sin quejarse.
Así que había salido a dar un largo y grato paseo, para luego meterse en el primer Club que vio y engatusar a una chica cualquiera para poder pasar la noche en otra parte que no fuese su casa.

Era lo justo.
Pero de eso había pasado ya una semana, y dicho vecino no daba señales de vida. Incluso después de ir a su casa, ya preocupado, y verse de frente con el que se suponía era su amante, siguió sin poder tener constancia de que estaba bien.

“Kousuke está muy ocupado trabajando” -Le decía siempre.

Morinaga se había acostumbrado a verle aparecer por la puerta cada vez que una chica le abandonaba entre gritos e insultos, y ahora solo podía oírle a través de las paredes de salón.
De hecho, ese día estaba sentado en su sofá cubierto de ropa, esperando a su cita de la tarde. Mientras observaba la tele enmudecida, trataba de recordar el nombre de la chica en cuestión. A todas las llamaba por el mismo mote, así que muchas veces le resultaba difícil llevar la lista de nombres...

Divagando en esa cuestión estaba cuando llamaron a la puerta.
Al abrir, vio que era aquella mujer, unos años mayor que él, y que le recordaba la gran técnica que poseía. La dejó pasar y, mirando discretamente a la puerta de al lado, entró también.
Yoko (como descubrió que se llamaba un rato después) era una mujer detallista y hermosa, con gran elegancia, pero muy impredecible. Cosa que descubrió después de terminar la botella de champán que había traído especialmente para aquella noche.

Con su cuerpo pesado y su mente obnubilada, se dejó caer en la cama mientras se dejaba hacer por Yoko. Estremeciéndose cada vez mas por cada pequeño roce, notando la piel ardiendo y su entrepierna reaccionando antes que de costumbre. ¿Su técnica era tan buena?

Escuchó un chasquido que no debería estar en la escena, y al entreabrir sus párpados pesados, la mujer terminaba de colocarle unos grilletes de cuero a modo de pulseras, mostrandole la llave luego con sonrisa juguetona antes de dejarla sobre la mesa de noche.

-¿Que haces? -preguntó, y los labios le temblaron, como ansiosos por atrapar algo entre ellos. Notaba el aliento caliente y la sangre agolpándose en niveles alternativos entre su cara y sus bajos.

-Estaba pensando en un juego-dijo la chica, y se bajó de encima suya, cogiendo su bolso dejado en la cómoda y sacando lo que parecía una cinta del pelo blanca y una caja púrpura-.Te gustan los juegos, ¿verdad? Sobre todo los que implican a muchas concursantes.

-¿De que estás hablando? -Morinaga comenzó a sudar, y el cuerpo le pesaba tanto que no podía ni siquiera pretender liberarse-.¿Que has hecho?

La sonrisa de la mujer no le auguró una respuesta amable. Y menos cuando salió de la habitación y al momento escuchó mas voces en su salón. Al poco, cinco de sus novias le observaban, cruzadas de brazos o haciéndose crujir los nudillos con miradas vengativas.
Una vez más quiso preguntar que estaba pasando, pero la chica pelirroja al frente de su cama le mostró una cápsula gruesa y azul.

-Acabas de ingerir cinco de estas. Una por cada una de nosotras.

-También había estimulante en el champán. Sumado a los afrodisíacos...¿Como te sientes, Ren?

Morigana cerró los ojos, intentando despejarse y sobrellevar la situación fríamente.

-Que...¿Que queréis? ¿Una disculpa? Pues vale, lo siento, pero gran parte de la responsabilidad la tenéis vosotras...

Dadas las expresiones de las cinco mujeres, aquello no debió haber salido de sus pensamientos.

-Sigues siendo un imbécil. No cambiarás nunca; no habrá mujer que te soporte.

Dos de las mujeres forcejearon con su pantalón hasta que fue abandonado en el suelo. De la caja púrpura salió algo parecido a una pelota de pin pong unido por un cable a un aparato. Yoko lo zarandeó con sonrisa socarrona antes de acercarse peligrosamente a él, siendo respaldada por el grupo.

No sabía que es lo que pretendían; y con lo que fuera que le habían hecho tomar ralentizandole, solo pudo esperar y sentir toda aquella tortura durante un momento que le pareció muy largo. La necesidad de descargarse, de poder descargarse, se bloqueó tan de repente que se quedó un aire. Algo frío y viscoso resbalaba por lugares prohibidos, y un punzante dolor le hizo arquearse.
Pero aquel estupor no se iba.

Cuando aquel mar de chicas se alejó de la cama, vio fuertemente atada a su hinchada erección la cinta del pelo blanca de Yoko. También el cable con el aparato, con la pelota de pin pong desaparecida en su interior.

-El problema es que te crees mas listo que las mujeres, capullo -fue la última frase que escuchó antes de que el controlador de intensidad de las vibraciones pasara de cero a diez de golpe.

Gritó al techo, con una sensación incómoda agitándole el cuerpo, mientras aquel grupo de demonios vengadores hacían planes de usar su casa durante toda la noche, cerrando la puerta de la habitación y olvidándose completamente de él.


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*


Aquella mañana hacía mas calor que de costumbre. Las temperaturas subían a un ritmo alarmante y eso, a la hora de estar sentado en tu casa escribiendo, era muy incómodo.
Ahora mismo no recuerdo si mi aire acondicionado estaba en óptimas condiciones...

Salí de la pastelería con mi desayuno en la bolsa y me marché a casa. Hacía unas pocas horas que me había levantado con el antojo de un buen trozo de pastel de moras, así que salí a por el antes de empezar mi próximo manuscrito.
Creo que tengo las emociones necesarias para ello, así que aprovecharé esta inspiración mientras pueda. Así, yo...

-¡Ah, discúlpeme!-dijo una chica al chocarse contra mi al terminar de subir las escaleras. Aseguré mi bolsa y sonreí, mientras tres mujeres más salían del apartamento de Morinaga y se apiñaban en torno a la escalera.

-¿Donde está Yoko?

-En seguida viene, estaba “despidiéndose”-carcajearon, antes de ponerse a mirarme y regalarme piropos de borracho. Apuesto a que han estado de juerga toda la noche.

-¡Yoko, nos vamos! -gritó una, y la mujer en cuestión salió poniéndose un zapato también del apartamento de Morinaga. Después de despedirse y lanzarme besos como si fuera algún tipo de celebridad, se marcharon armando alboroto por las escaleras.

Me encogí de hombros, decidido a ignorar los hábitos sexuales de Morinaga, cuando me detuve en medio del pasillo y fruncí las cejas.

-¿Yoko? -me dije a mi mismo, recordándola como la mujer que en su día dejó a Morinaga. Lo recuerdo, porque fue el día en el que volvió Kakei...

Suspiré, tratando de centrarme en este tema, y también recordando a algunas de las mujeres del grupo como otras que también habían dejado a Morinaga entre insultos y gritos.
¿Habían vuelto con él? ¿La dignidad era algo desconocido para las mujeres de hoy o que?
...Como voy a saberlo, no me gustan las mujeres.

La puerta de Morinaga estaba entreabierta a causa del cuello largo de una botella de vino. Imaginándome como iba a encontrar la casa, me resigné, me acerqué y empujé la puerta. El tintineo de las botellas fue solo el principio del desastre.
Toda una colección de botellas y latas iban desde la entrada al salón. Sobre la mesa del centro y el sillón habían cajas de comida rápida y ropa por todas partes.
Cogiendo unas zapatillas prestadas de la zapatera, avancé entre aquel océano de inmundicia. La televisión estaba encendida, el equipo de música también y la estantería de los CDs estaba tan desordenada que preferí no seguir mirándola.

-¿Morinaga? -le llamé. Hasta era posible que estuviera enterrado debajo de toda esta basura.

Tras decidir que era mejor no mirar el estado de la cocina, y cerrando la puerta de un baño que no parecía un baño, toqué en la habitación de Morinaga. Tras un rato sin escuchar nada, me tomé la libertad de entrar.

Lo que vi no se pudo comparar con el resto de la casa.
Morinaga estaba tumbado en su cama, atado de manos a la cabecera y sudando tanto que asustaba. Tenía las mejillas encendidas y una mueca carente de raciocinio, mientras se mordía el labio inferior,ya hinchado. Y no era lo único...
Su desnudez me permitió ver el doloroso estado de su miembro. Se veía tan duro y marcado que pensé que explotaría de un momento a otro. De entre sus piernas, salía el cable de un vibrador.

Agradecí haber dejado la tarta en la entrada, o de la impresión se me hubiera caído al suelo.

-Mo... Mori... naga... -Balbuceé, notando también como la sangre se agolpaba en mi cara. Intentando superar aquel primer golpe, me acerqué a zancadas y le aparté el flequillo adherido al rostro por el sudor.

En su pecho, pintado con un lápiz de labios se leía “Soy una puta”, y la imagen de la tal Yoko me vino a la mente.

-¡Morinaga! ¡Eh, reacciona! -le dí unos golpes en la cara antes de lidiar con los grilletes.

-Kou-suke...-oí su débil voz entonces, ronca y seca.

-Si, soy yo. ¿Estás bien? ¿Que te ha...?

-Antes de eso... quítame...quítame esa cosa... Rápido.

“¿Esa cosa?” Miré hacia abajo y di con el problema. Respiré hondo y le miré una vez mas, como pidiendo permiso o disculpas por si tocaba mas de la cuenta. Agarré el controlador de intensidad y lo apagué; luego tiré del cable y aquella bola blanca salió.
Escuché a Morinaga soltar un suspiro de alivio y un quejido cuando deshice el nudo que le aprisionaba aquella enorme erección.
...Mierda, no es el momento de quedarse embobado, ¡concentrate!

Miré en derredor y dí con la llave. Terminé con un grillete y me puse con el otro. Morinada soltó una risita ahogada y carente de ganas.

-Ah...que mierda. No quería que Koi... me viera así.

-¿Eso tienes que decir? Suerte que fui yo y no algún familiar o conocido, se hubieran estado riendo de ti mas de un año-le solté el otro grillete-.Te dije que tuvieras cuidado con las mujeres. Entre todo el destrozo de fuera vi los botes de afrodisíaco vacíos, estas loco...

-Esas jodidas...zorras...

-Si, claro. Ahora es su culpa. Vamos, tienes que enfriarte un poco para que se te pase el efecto, levanta...

Es increíblemente vergonzoso estar en una situación así, por mas que ambos seamos hombres. Salí fuera y traje un balde con agua y un paño, dado que no podía llevarle al baño por como estaba. Una vez pudo sentarse en la cama, empecé por limpiarle las pintadas del pecho... Pero repito, esto es... Teniéndolo “apuntándome” con eso no ayudaba a que me diera prisa...

Mojé el paño y le empapé la cara. Abrió unos ojos brillantes y dilatados y me miró.

-Kousuke...

-¿Que? -ya me resultaba extraño que no me llamase por el mote.

-Hueles bien.

-¿Eh? -volví a empapar el paño y seguí con sus brazos-.Huelo a sudor, hoy a hecho un calor horrible...

-No...-lo escuché insistir, y de un movimiento firme me agarró la muñeca tan fuerte que me hizo soltar el trapo-.Es el olor de Kousuke...

-¿Morinaga? ¿Estás delirando? -Lo demás que fuera a decir se atascó en mi garganta. Sus ojos me miraban ahora con un brillo insano, desesperado, agresivo y lujurioso... Me arrastró por el brazo hasta que caí sobre el, cogiéndome por el pelo para llevarme hasta sus labios y besarme con una demanda que me asfixió. Podía notar el calor de su cuerpo incluso a través de mi ropa y sus violentos agarres me arrastraron boca abajo a la cama donde antes estaba tumbado, dejándome arrodillado en el suelo.

-¡Morinaga! ¡Espera, esto...! -me inmovilizó los brazos tras la espalda dolorosamente con una de sus grandes manos, no dignándose a controlar su fuerza mientras me aplastaba contra el colchón. Con la otra mano, me bajó el pantalón y la ropa interior de una vez lo justo para exponerle lo que estaba buscando: un lugar para desfogarse.

Cuando pude liberar uno de mis brazos, supe que no tendría ocasión para utilizarlo. Su dureza me atravesaba tan despiadadamente que solté un alarido de dolor y se me empañaron los ojos en lágrimas. Apreté las sábanas con mi mano libre, intentando hacer disminuir aquel dolor abrasador que me dejaba sin aliento...

-¡Mori-naga! ¡No...!-me embestía sin escuchar mis quejas, dejando caer su peso en mi espalda,
sujetándome las caderas para arremeter mas adentro, más rápido, antes de descargar toda su frustración líquida dentro de mi, soltando un gemido ronco y clavándome las uñas en la piel que tenía sujeta.

Cuando salió me dejé caer en el suelo. Un escalofrío me recorrió el cuerpo y aquel dolor se acentuó mientras notaba su tibieza deslizarse hasta el suelo.
Pero no había terminado de reponerme cuando me volvió a empujar sin cuidado. Esta vez, mi espalda dio contra la cama mientras Morinaga se colaba entre mis piernas, sujetándome tan fuerte que temía que acabase rompiéndome.

-¿¡Qu-Que haces, Morinaga!? ¡Ya basta! -se abalanzó sobre mi y por un momento pensé que me golpearía, pero solo apoyó uno de sus gruesos y morenos brazos junto a mi rostro, haciéndome temblar igualmente.

Empapado en sudor y con aquella mirada profunda e incoherente, volvió a guiar su miembro insaciable hasta mi entrada, embistiendome de nuevo de una vez, aumentando el ritmo nada mas acostumbrarse a aquella postura.

-¡Me estás haciendo daño! ¡Morinaga! -intentaba empujarle, pero el se deshacía de mis delgados brazos de un manotazo, bajando a mi pecho para morder y sorber trozos de piel, chupando mis pezones hasta enrojecerlos dolorosamente y deslizándose hacia mi cuello para seguir mordiéndome sin compasión.

-Tienes que gemir, Kousuke...-me dijo al oído mientras sus embestidas eran cortas y profundas-. Estás acostumbrado a esto, ¿verdad? Vamos, gime para mi...

-No...esto...¡Me duele!-grité, ya no soportando las lágrimas-.Morinaga, déjame...¡Ah!

Ahogué un grito cuando me volvió a tirar del pelo y me besó, mordiéndome también el labio inferior y enroscando su lengua con la mía. Poco después volvió a coger el ritmo de arremetidas rápidas, alzándome los pies y apretando los dientes.
Antes de poder quejarme de nuevo, se corrió sobre mi, poniendo esa cara de placer extremo y gimiendo dentro de su mandíbula apretada...

[…]

No recuerdo cuanto tiempo fue. Pero si que estuve a punto de perder la conciencia entre aquella demostración de sexo tan brutal. Cuando pensaba que terminaba, todo volvía a empezar. El dolor, las embestidas, los mordiscos y los agarres... La sucesión de las mismas escenas una y otra vez, mientras seguía negándome y quejándome, incluso rogando que se detuviera.
Se me revolvió el estómago de la sensación de tener tantos orgasmos de Morinaga en mi interior...

-Lo siento...-murmuró quedamente cuando, tras una hora y media después me apoyé en una de las vigas de su cuarto tras mi inútil intento de sentarme. Había descargado mi estómago y me había dado un intenso baño (me dio igual el estado en el que se encontraba, lo necesitaba). El espejo me rebeló todas las marcas que Morinaga había dejado.

Y allí estaba el, de rodillas en el suelo y tapado con un albornoz, martirizándose y repitiendo disculpas una y otra vez.

-Morinaga...

-¡No! -me interrumpió- No digas nada. Todo es culpa mía y lo siento. Estaba desesperado, pero no tenía por qué descargarme contigo-se levantó y me miró fijamente-.De verdad que lo siento muchísimo, Ko...Kousuke-pareció rectificarse.

-Morinaga, no estoy enfadado.

-¡Pues enfádate! ¡Enfádate y pégame, solo así podré sentirme algo mejor!

-¿Que dices? No voy a pegarte...

-...Por favor. Lo prefiero antes de que actúes de un modo tan frío conmigo-apretó los puños. Era la primera vez que veía una expresión afligida en Morinaga-. Debes odiarme. Hacer todo esto cuando te has reencontrado con tu amante...

Lo miré, sorprendido.

-¿Como sabes eso?

-Solo os vi. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que ya os conocíais. Además...-desvió la mirada-.Por las noches, se oía...

De nuevo, la cara se me tiñó de rojo por un instante. ¡Mira que no recordar a los vecinos!

-No te odio...-desvié el tema.

-Pero las marcas...Y tu amante...

-No tengo un amante-esta vez, me tocó apartar la mirada a mi. Sentí una punzada de dolor en el pecho que eclipsó mi dolor físico.

-¿Kousuke? -Morinaga se me acercó- ¿Que pasa? -insistió, buscando mi mirada esquiva. Suavemente, cogió mi mentón y me alzó el rostro para encararme. Sorprendía saber que pudiera ser tan delicado...

Sus ojos llenos de preocupación e intriga me preguntaban en silencio lo sucedido. Y, como no pudiéndolo evitar, comencé a hablar.

-Es que...


-Kousuke, lo he estado pensando mucho y creo que deberías venir conmigo.

-¿Que? ¿A que te refieres?

-Acompáñame en mis viajes. Podrás ver mundo, visitar lugares que te gusten. Podremos estar juntos.

-Pero...Espera, no... No puedo irme por las buenas...

-¿Por que?

-”¿Por qué?” Kakei, no puedo dejar mi hogar atrás. Aquí tengo mi vida, tengo mi trabajo y mis amigos. Yo no...no podría...

-¿Es que tus amigos son mas importantes que yo? Siempre decías que tu hogar estaba donde estuviese lo que amas. ¿O es que tus sentimientos hacia mi han cambiado?

-¡No! Kakei, te amo. Muchísimo, pero...este cambio...es...es imposible. Tu eres del tipo de persona que podría instalarse en un lugar durante pocos días para después marcharse a otro, pero yo no podría soportarlo...Me gusta mi rutina.

-Kousuke, quiero estar contigo.

-Lo se. De verdad que lo se. Pero lo siento, no puedo...



-...Kakei se fue anoche. Cogió todas sus cosas y me dejó una nota con su último “Adiós”. Era consciente de que no podría aguantar la espera, así que terminamos...-sin darme cuenta, silenciosamente comencé a llorar otra vez, mientras Morinaga me observaba- Supongo que estas cosas pasan...Me pregunto si debería... haberme ido con el...

-No...-habló despacio Morinaga-.No, creo que has hecho lo correcto. Además, te necesito por si mas mujeres quieren vengarse de mi-dijo, burlón, logrando sacarme una sonrisa.

Cogí la mano que me sostenía y se la aparté, limpiándome los ojos y dándole un golpecito en el pecho.

-Gracias, Morinaga. Estoy bien. Iré a descansar un rato a casa, tu deberías recoger todo esto...-me aparté de la viga dispuesto a salir del cuarto, cuando Morinaga me volvió a atrapar de la mano.

-Puedes llorar-me dijo, sin esperar que me girase a mirarlo-.Desahogate el tiempo que haga falta. Cuando te sientas mejor, saldremos a beber, ¿vale?

Sin decir nada, me apresuré hasta mi casa, olvidando por completo mi pastel o la hora que era. También que llevaba puesta ropa prestada de Morinaga. No me importó nada de eso. Me dejé caer en medio de mi salón y seguí el mejor consejo que me habían dado nunca.


Nadie en su sano juicio diría que, después de afrontar tiempos difíciles que pueden marcarte para toda una vida, podrías volver a tu rutina diaria.
Pero allí estaba yo, casi un mes después, sentado en mi escritorio con mi aire acondicionado al tope, terminando el tercer capítulo de mi novela.

Hace poco recibí una carta de Kakei, que está en Londres. El es el tipo de chico que quiere llevarse bien con todos, incluso con sus antiguos amantes. Aún no se que responderle. ¿Fue mi egoísmo el que me impidió seguirle? ¿O tal vez mi miedo al cambio? Sé que mis sentimientos por el eran auténticos, pero es posible que incluso yo tuviera un límite.

Creo que debería empezar por decirle todo lo que pienso, lo que he pensado de cuando se fue y como poco a poco podré incluso sacrificarme por la persona que ame en un futuro.

“Querido Kakei; fuiste el primer chico capaz de hacerme abrir mi corazón casi del todo. Seguro que lo has notado, pero me gusta que haya cierta distancia entre personas enamoradas, me pregunto por que será. Lo mas normal es querer ser uno, en cuerpo y alma, con tu ser querido, pero...”

Escucho alboroto fuera, seguido de un insulto y un sonido inconfundible de bofetada.
Me ajusté las gafas al puente de mi nariz y me levanté, asomándome a la puerta de entrada mientras me quitaba el pañuelo que me apartaba el flequillo de los ojos.
Una chica rubia caminaba a zancadas hasta el ascensor, enfurruñada. En la puerta de al lado, Morinaga se sobaba la mejilla enrojecida.

-¿Que has hecho esta vez?-pregunté, y Morinaga se giró hacia mi con una sonrisa despreocupada.

-¡Buenas, Koi! ¿Has merendado? Te invito, he comprado tarta de moras, se que te gusta...

Con una visión de la tarta flotando en mi cabeza, no pude negarme.
Me extrañó ver la casa de Morinaga en perfecto estado, sin desorden o juguetes indecentes tirados por el salón.

-¿Te han vuelto a dejar? Veo que no has aprendido la lección...-dije, mientras Morinaga dejaba frente a mi la taza de té y una generosa porción de pastel. Con una cerveza en la mano y un poco de tarta, se sentó frente a mi.

-No, esta vez la he...dejado yo.

Casi escupo el té.

-¿¡En serio!? ¿Como? ¿¡Por qué!?

-Pues...-se está ruborizando...-.Me ha costado un poco, pero...He localizado a todas las chicas con las que he estado saliendo y les he contado todo. Luego me he disculpado y he roto con ellas. O ellas conmigo, realmente no lo se -y soltó una carcajada.

-Me sorprendes...Buen trabajo, Morinaga. Resulta que eres un buen chico-sonreí, y pareció detenerse a medio trago, mirándome con esa intensidad tan varonil que le distinguía.

-He decidido que quiero pasar mas tiempo contigo.

Ahora si, me atraganté con el trozo de pastel que me estaba comiendo. Tosí, mientras Morinaga me golpeaba la espalda y me ofrecía su cerveza. Después de unos tragos, volví a respirar.

-Espera...¿Que? ¿A que viene eso?

-Aún no lo sé, pero... Quiero estar contigo.

Otra vez mi cara se volvió granate. Que mala costumbre, por Dios...

-Pero tu eres hetero...-recalqué, como punto muy importante.

-Si, ya, ¿y que?-puso morros, como un niño pequeño ofendido-.Solo...Es la primera vez que estoy tan convencido de algo, así que...solo déjame estar a tu lado.

De repente me sentí relajado. Como si la “distancia” que buscaba en mi relación con Kakei se hubiera complementado estando con Morinaga aquí, en este preciso momento. Fue una sensación de paz, una sensación tan cómoda que deseé por un momento que aquella merienda durase para siempre.

Sonreí, continuando con el pastel.

-Eres un tipo extraño.

-¿Eso es un si?

-Has lo que quieras. Pero no me hago responsable si te enamoras de mi-dije, divertido. No pensé que Morinaga me contestara tan seriamente, con esa sonrisita de lado:

-Si me enamoro de ti te lo haré saber. Es ahí cuando te harás responsable.

-Haber si puedes convencerme.

“...Kakei, creo que tu y yo nos conocimos en unas circunstancias poco propicias, ya que desde el primer encuentro nos entregamos el uno al otro y después, con el tiempo, nos enamoramos. Pienso que hubiera sido distinto si nuestra relación hubiera empezado desde cero, como amigos. Creo que es el tipo de distancia que estaba buscando...”

-Oye Koi, ¿puedo besarte?

-No.

“Ninguno de los dos supimos sacrificarnos por el otro. Pero no te preocupes por mi. Esta vez estoy empezando desde cero, ganando confianza poco a poco para, llegado el momento, poder entregarme por completo. Muchas gracias por todo lo que has hecho por mi, no lo olvidaré.”

Puse punto y final a la carta, pensando en alguna frase final para darle un toque personal. Morinaga estaba en el salón, preparando la cena, mientras captaba mi mirada desde la habitación y sonreía.

-Estaba pensando, Koi...¿No puedes llamarme por mi nombre de pila?

-¿Es que quieres que gima tu nombre o algo así? -reí con picardía.

Pareció temblar durante un segundo. Luego volvió a mirarme, muy serio.

-¿Lo harías?

-Pues no, ¿pero a que casi te lo crees?

-Eres un demonio...-murmuró-Venga, ven. La cena ya está.

Me giré a la carta y, sin pensarlo mucho, le dí ese toque final que estaba buscando... Luego me levanté y salí al salón.

-No te enfades, Ren-recalqué su nombre-.Lo haré en cuanto me convenzas.


“PD- Sacrificarse por el verdadero amor es increíble, ¿no crees, Kakei?”

domingo, 7 de junio de 2009

Servant

Desde pequeño, mi madre siempre me decía:
“Obedece a lo que se te dice con educación.”

Y mi padre:
“Hijo, debes cumplir las órdenes de inmediato y con precisión.”

Y mi abuelo:
“Debes respetar y obedecer fielmente las órdenes que te impongan; ya quieran que te tires por un puente, ¡tu te tiras con la firmeza de un hombre!”

...Eso último me pareció una exageración. Pero después de años escuchando lo mismo a mas personas definitivamente mas viejas y con mas experiencia que yo, acabé llegando a la conclusión de que, fuera a quien fuese al que tenía que obedecer, debía ser con todos los buenos adjetivos del mundo.

Así pues, me encuentro actualmente acatando todas esas ultimas voluntades de mis familiares, quince años después.

-Continuaré con vuestro legado.

-Touya, deja de hablar como si estuviéramos muertos...

-Tranquilo abuelo, tu pronto estarás...

-¡Piérdete, niño insolente!

Al parecer, todos mis antepasados estuvieron atados al destino del esclavo, haciendo trabajos crueles, agotadores y sin cobrar...Bueno, pues tras descubrir que era una gran mentira e investigar por cuenta propia, vi que lo de la “vida de esclavitud” solo se remontaba hasta la generación de mi bisabuelo, y que solo habían servido a una única familia:
Los Naoya.

Esta familia de super ricos se dedica... La verdad, no se a que se dedica, sólo sé que el cabeza de familia nunca está en casa y su señora es una mujer que tiende a exagerarlo todo; sobretodo respecto a su hijo. Nosotros, la humilde familia que les sirve, vivimos en la casa del ala norte, la cual tiene un diseño completamente tradicional que no destaca nada comparada con la mansión de los jefes.

-¡Ya me voy!

Esa mañana no era distinta a las demás. Terminé el desayuno, cogí mi bicicleta y me dispuse a pedalear la cuesta que hay hasta nuestro instituto. Al estar cerca, el hijo rico de esta familia también va a él.

-Buenos días, Touya-kun -Hablando del Rey...-¿No quieres que te llevemos hoy tampoco?

Ahí estaba. Asami Naoya, hijo único de los Naoya y heredero. Es el prototipo de chico “moe” que se lleva bien con todo el mundo; guapo, elegante, pero sencillo y modesto. Es la amabilidad personificada en estudiante de dieciséis años.

-Estoy bien, Asami-sama -Lleva ofreciéndome llevarme en el coche desde que empezó el instituto.

-Vamos, deja de llamarme “sama”, tienes un año mas que yo... -dijo, haciendo un puchero mientras se asomaba mas por la ventanilla trasera del coche.

-Negativo, no puedo hacer eso. Con su permiso -le hago una reverencia y me pongo en marcha. Al poco después el coche me adelanta.

Nuestra rutina es siempre la misma. Por las mañanas nos encontramos y mantenemos una breve conversación repetida y trivial. Hasta ahí todo normal, pero lo que el no sabe es que su madre, la señora Naoya, en un arrebato histérico y maternal, me ordenó vigilarle durante la jornada estudiantil. Así que, ahí donde estaba Asami, estaba yo.
En el baño, en la hora del almuerzo, en sus clases anuladas... ¿Mis clases? ¡A quien le importa, estoy en una misión de vital importancia!

-Buenos días, Touya, hoy no..hay...Oye, ¿puedes mirarme al menos cuando te hablo?

-Negativo, tu no eres importante -Le dije a mi compañero de clase, Kazuo Moriyama, uno de los que usualmente suele estar a mi alrededor. No tenía tiempo que perder mirándole, Asami se dirigía con su grupo de amigos al interior del edificio...

-En serio, esa sinceridad tuya me mata...-oigo farfullar a Moriyama, mientras camina junto a mi-. Escucha, la primera clase de hoy se ha anulado, así que vayamos a...

-Negativo, voy...

-...¿a perseguir a Asami otra vez?-completa por mi, acertando por cierto-.Si no supiera la historia de amo y sirviente, pensaría que lo estás acosando, ¿sabes?

-Que conozcas esa historia fue un error de mi parte que no se volverá a repetir-eché a correr sigilosamente hasta la entrada del instituto, escondiéndome tras las taquillas para ver como Asami se perdía por las escaleras.

-A veces me das miedo...-Moriyama se me adelantó, y pude usarlo de escudo para seguir vigilando.
Por suerte, la segunda hora pude tenerle controlado desde la ventana de clase, ya que estaba en el patio haciendo gimnasia.

“Nota mental: Los pantalones de gimnasia son demasiado cortos, demasiado ajustados y demasiado oscuros, solicitar una hoja de quejas al consejo estudiantil para cambiar el diseño”

-¡Hirokawa! ¡Touya Hirokawa, atienda! Le estoy...

Sin tener mucho en cuenta al profesor de ciencias que se acercaba para seguramente reprenderme, me levanté de mi asiento de un acto reflejo al ver como Asami tropezaba corriendo, caía al suelo y muchos de sus compañeros iban en su ayuda. Por supuesto, antes de que pudieran tocarle y moverle, ya estaba yo allí.

-¡Asami-sama! -aparté la barrera que me impedía llegar hasta él y lo encontré sentado en el suelo, con ese indecente pantalón oscuro puesto y sangrando por la rodilla.

-Touya-kun, ¿que haces aquí...?

-¡Con su permiso! -lo cogí en brazos y corrí de nuevo a la enfermería, mientras veía sus mejillas blancas volverse rojas. ¡Fiebre! Aumenté el ritmo hasta llegar a la enfermería de la segunda planta, abriendo la puerta en busca de ayuda a aquel mal que azotaba a mi joven señor.

-¿¡Otra vez tu, Hirokawa!? ¡Maldito perro sobreprotector! ¡Me das trabajo innecesario, espero que lo sepas! -La enfermera era este tipo de persona desagradable.

-Sensei, es su deber curar a...

-¡Silencio, mocoso!- como tantas otras veces, me estampó la libreta de pacientes en la cara, como suponiendo que no me dolía- ¡Siempre igual! Hace tres días también traías a Naoya-kun en volandas diciendo que estaba gravemente herido, cuando solo se había quemado la punta del dedo en la clase de hogar. Y la semana pasada lo trajiste, también en brazos , por algo que se le había metido en el maldito ojo. ¡Escucha! ¡No estoy dispuesta a aguantar sus trastornos obsesivos ni un minuto mas!

-Nega...

-¡Que te calles! -esta vez me lanzó el bote de algodones después de coger uno- ¿Te has parado a pensar que Naoya-kun se siente incómodo por tu culpa? Por Dios, esto es demasiado incluso si fuera una chica...

¿Que Asami se siente incómodo? ¿Por qué? Sólo sigo las órdenes de su madre...

“Touya, te encomiendo esta tarea a ti y solo a ti. ¡Vigila y protege a mi hermoso Asami! Es tan inocente y puro que seguramente se dejará engañar por algún pervertido, ¡debes evitarlo a toda costa! Es una orden de esta pobre mujer preocupada por su querido hijo...¡Confío en ti!”

Me dijo todo eso tres veces mas, mirándome tan fijamente que me dio miedo. Me han enseñado a obedecer cualquier cosa que me dijesen los miembros de la casa principal, por lo que es mi deber y obligación velar por la seguridad de Asami.

-...Proteger...demasiado cortos...me quejaré...

-Sensei, Touya-kun está delirando...

-Che...El siempre, querido. Bien, esto ya está. Intenta no respirar demasiado fuerte, ese idiota se pensaría que estás enfermo y te arrastraría hasta aquí otra vez...

Solo me preocupo, mujer desconsiderada...

-¡Ahora piérdete, Hirokawa! ¡Y no vuelvas a no ser que te estés muriendo!

Y como despedida, me dio una patada que me sacó al pasillo. Que señora mas amable... Tras de mi y con una salida mas normal, venía Asami, despidiéndose y dando las gracias. Luego me miró.

-¿Estás bien, Touya-kun?

-Lo estoy. ¿Como se encuentra Asami-sama? ¿Le duele? ¿Quiere irse a casa?

-¡No!...Quiero decir, no es nada grave, no te preocupes...

-Pero me preocupo -Ah, otra vez tiene la cara roja, ¡sabía que estaba enfermo! Me acerqué hasta pegar mi frente con la suya, y su temperatura pareció elevarse aún mas.

-Ah...Touya-ku...

-¡Sensei! ¡Asami-sama está...! -nada mas abrir la puerta de la enfermería de nuevo, un grueso libro de medicina me regresó al suelo, con el consiguiente grito de la enfermera:

-¡Fuera de aquí, parásito! -...y el portazo, echando el cerrojo después.

En esa ocasión, y antes de poder hablar primero, Asami se inclinó hacia mi con cierto rubor bajo los ojos.

-¿Por qué te preocupas tanto por mi, Touya-kun? ¿Es porque trabajas para mi familia que te sientes obligado a hacerlo?

-Negativo. -Se ha puesto mas rojo. ¡Tengo que hacer algo, puede desmayarse!

-Ah...Entonces tu...

-Solo sigo las ordenes de su madre -me levanté para volver a intentar llevarlo a la enfermería, pero...

-...

...¿Silencio incómodo?

-¡Idiota!

¿¡Que!? Lo veo levantarse e irse corriendo, y en mi afán por seguirle, tropiezo con el libro con el que la sensei me bombardeó, cayendo de narices al suelo de nuevo.

-¡Asami-sama!

En la siguiente semana no me habló. Ni siquiera me miró. Su coche pasaba a mi lado por las mañanas, solo que ya no me saludaba como antes.
Esto me deprime... Y no se por que... Asami-sama...

-¡Asami-sama me odia por algo que no comprendo! -nada mas terminar de gritar, sentí el golpe especial de mi madre con la zapatilla.

-¡Deja de hablar solo cuando estamos comiendo!

-Espero que no hayas ofendido al joven Naoya, o estarás limpiando baños hasta que tengas mi edad...-comentó amenazante mi padre.

-Hoy es domingo, así que te toca encargarte el jardín trasero. Termina el desayuno y ponte a trabajar. Luego te disculparás con el Joven Asami...

-Pero si no se que... -Otro golpe de zapatilla que me hizo callar.

-¡Me da igual, solo vé y disculpate correctamente!

-Si, madre.

Las ordenes son las ordenes...

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Subió las escaleras, sosteniendo en la bandeja de plata una jarra de zumo de naranja y un vaso vacío. Caminó solemnemente por el pasillo de la derecha y tocó la puerta del fondo. Una débil voz le dio permiso para pasar.

-Joven Naoya, le traigo zumo. El día de hoy es caluroso, así que le recomiendo que abra las ventanas -La señora Hirokawa vio al heredero asomado discretamente a la ventana que daba al jardín trasero, con una mirada nostálgica y apagada.

-¿Le ha pasado algo con el tonto de mi hijo, Joven Naoya? -dejó la bandeja en la mesa del centro de la habitación y se dispuso a llenar el vaso. Asami alargó una leve sonrisa.

-No. Touya-kun es un buen chico. Pero...

-...¿Pero? -La señora Hirokawa vio plasmadas las dudas en la cara de su interlocutor, y con una sonrisa afable se acercó también a la ventana- ¿Sabe? Touya no hace las cosas que hace a propósito. Y aunque le educamos para que respondiera fielmente a las órdenes de la familia, me parece que lo ha llevado hasta el extremo.

-Pero...¿a caso no piensa nunca por si mismo? -preguntó Asami.

-Si quiere que le diga la verdad, no lo sé -suspiró la mujer-. Es muy lento para entender cosas que no se le han ordenado.

-Parece un robot... -sonó contrariado el joven.

-¿Quiere que le dé un consejo? Si desea hacerle entender la importancia del pensamiento independiente, tiene que acercarse a él con las ordenes. Haga despertar a ese tonto que tengo por hijo.

Asami, dudando en principio, volvió a sonreír, observando como Touya nivelaba el césped trasero.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

-Me voy...

Arrastré mi bici hasta la calle, y vi el coche de Asami alejándose. Suspirando, me puse en marcha yo también. Ahora que ya no lo hace, aprecio mucho los saludos que me daba y los ofrecimientos de llevarme que me hacía.

Durante toda la primera jornada de hoy, muchos de sus compañeros han estado especialmente cariñosos. Tras largo rato mirando a uno que le había rodeado los hombros con el brazo en mitad del pasillo, al fin pareció darse por aludido y se alejó. Mas tarde, en el intercambio de clases, intenté la misma técnica con otro, pero al no funcionar esperé que Asami mirase a otro lado para lanzarle a la cara mi bento...

Ya a la hora del almuerzo, con mi comida completamente revuelta, me dispuse a ir a la azotea a escondidas, que es donde solía ir Asami y su grupo. Pero para mi sorpresa, me topé con el en la tercera planta, cruzado de brazos junto a la escalera y lanzándome una mirada fija que no me hubiese esperado de él nunca.

-Asami-sama...

Caminó hacia mi y me pasó de largo hasta abrir la puerta de una clase vacía.

-Ven conmigo.

Es la primera vez que siento que Asami me da una orden. Sin nada que discutir, accedo.
Por los artilugios, diría que estamos en la clase del Club de arte. Las cortinas están echadas y a penas hay luz. Asami cierra la puerta tras de si y toma asiento sobre una mesa.

-Touya-kun, ¿es verdad que harías cualquier cosa que te ordenase?

-Correcto. Todo lo que Asami-sama desee, yo lo haré posible.

Silencio...

-¿Incluso si es...algo indecente?

“¿Algo indecente?” ¿A que se refiere?

-Lo siento, no le entiendo...

-Estoy hablando de sexo.

...Se...¿¡Sexo!? Ah...¿Que?¿Como puede...? ¿¡Que!?

-Pues...No sabía que Asami-sama pudiese querer algo así. Pero si es lo que desea lo...lo haré...

Otra vez silencio. En esta oscuridad no se que tipo de expresión puede tener Asami, y eso me preocupa...

-¿No es humillante ser manejado así, Touya-kun? Me entristece pensar que cualquiera puede obtener lo que quiera de ti con solo una orden.

Su voz suena muy rara...

-¿Por que se entristecería por algo así?

-Es que...-pausa larga-...Es que Touya-kun...me gusta mucho.

¿En que sentido? ¿Le gusta mi trabajo? ¿Mi personalidad? ¿La forma en que corto el jardín?

-Me gusta el Touya que rechaza mis invitaciones, el que pedalea cuesta arriba todas las mañanas y el que me vigila creyendo que no me doy cuenta...

¿¡Se había dado cuenta!? ¡Soy un novato!

-Cuando te preocupas por mi me siento feliz. Pero todo eso desaparece si se que lo haces solo porque son “ordenes de alguien”.

Espera...¿Está llorando?

-¿Asami-sama?

-¿Crees que sería feliz ordenándote que me quisieras y que me protegieras? ¡Todo eso no cuenta si no lo piensas por ti mismo!

Doy unos pasos hacia delante, orientándome por sus sollozos, pero vuelvo a trastabillar con un taburete.

-¡Asami-sama! ¿Está bien?

-¡No lo estoy! ¡Y no te acerques! -me detuve- ¡Solo quiero que pienses por ti mismo! ¡Que desees protegerme por ti mismo! ¡Porque te quiero, Touya!

-¡Asami-sama, deje de llorar, por favor! -me volvió a impulsar hacia delante y me comí de pleno una de las mesas, enterrándome una de las esquinas en las costillas.

-¿Que haces? ¡No te muevas, te vas a...!

No pude escucharle porque tropecé con algo que hizo caer un montón de cacharros al suelo. Ah, creo que me he manchado con algún bote de pintura abierto...

-¿Touya? ¿Estás bien?

-No se levante, por favor. Puede tropezar...

-Te he dicho que no te muevas, vas a hacerte daño. -Ignorándole, seguí caminando.

-Lo siento, Asami-sama, pero justo ahora he decidido no hacerle caso. No puedo permitir que esté llorando por alguien como yo, así que...-esquivé un trípode con un cuadro- espéreme ahí sentado y...

Noté una caricia en mi rostro y me erguí. La sombra de Asami estaba frente a mi, ligeramente mas abajo por su corta estatura. No se si fue eso llamado “impulso”, pero le abracé, como si hubiera alcanzado lo inalcanzable.

-No te he ordenado que me abrazaras...

-Lo sé.

-¿Y por que lo haces?

-...Porque si.

Se separó lo suficiente para mirarme a la cara.

-Esa no es una razón -apenas terminó de decir eso, me asaltó otro impulso impredecible, y le besé.
Sabe dulce, y su temperatura vuelve a aumentar...Estoy empezando a pensar que quizás no sea fiebre...Pasándome los brazos tras el cuello, correspondió a mi beso.
Y creo que esto se está sintiendo demasiado bien...Algún punto remoto bajo mi uniforme me duele considerablemente mas que los golpes que acabo de recibir yendo a tientas por la clase.

Asami soltó una risita al separarse.

-Esto tampoco te lo he ordenado -y bajó la mano hasta mi bajo vientre, haciéndome temblar deliciosamente por un segundo.
Quizás fue por ese gesto que pude sacar la confianza necesaria para actuar también, colando la mano por entre el pantalón del uniforme de Asami hasta tocar su erección cada vez mas dura.
Alcé la vista, deseando poder ver su rostro avergonzado entre la oscuridad del aula, mientras su mano temblaba sobre mi estómago; al parecer dudando si debía seguir bajándola.

-Asami-sama...

-Solo Asami...está bien...- Jadeó, con una voz muy distinta a la que usaba normalmente. Un tono desesperado y placentero, mientras parecía querer retener los gemidos que le provocaban mis caricias.
Deshice el botón del pantalón antes de arrastrarlo torpemente hasta la primera mesa que se me puso delante, dejandole apoyarse mientras continuaba tapándose la boca.

-Touya...kun...

Oír mi nombre con su voz impregnada de deseo hace que quiera precipitar las cosas. Debo controlarme, debo serenarme...Sigue siendo el joven amo de la familia a la que sirvo.
Para empezar, no tendría que estar haciendo esto, yo...

-¿Touya-kun?

Volví a la realidad al oírle llamarme. Al parecer había parado todo movimiento mientras me perdía en mis autoculpas.
El miembro en mi mano palpitaba, como implorandome que continuase con el mismo ritmo anterior. Moví mi mano, una vez mas complacido ante los jadeos de Asami; pudiendo escuchar por fin sus gemidos claros al sujetarle la mano con la que se acallaba y depositarla en mi sensible erección aún cubierta por la ropa.

-¿Podría Asami hacerlo....también?

Incluso sin poder ver nada, sé que su rostro pálido se ha torneado en rojo. Y mas aún cuando torpemente y con los dedos temblando, apartó la ropa y pudo sacar e imitar mi vaivén en mi propia hombría.

-Ngh...-Me mordí el labio inferior, aumentando a su vez el ritmo de mi mano y volviendo a besarlo, deslizando mi lengua hasta su cuello, chupando, mordiendo, con el pensamiento de parar ya muy lejos de allí.

-¡Ahh! ¡Touya-kun, para...! ¡Yo...!

Asami se agitaba y se aferraba a mi camisa, intentando ahogar sus gemidos. Viendo que mi orgasmo también me azotaba, le abracé con el brazo libre en un intento por sofocar y silenciar aquel acto tan increíblemente adictivo...

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Cuando finalizaron las clases, el pensamiento de estar limpiando baños hasta llegar a la edad de mi padre como castigo por cometer perversidades con el joven señor me deprimió mucho, aunque no tuviera muchos remordimientos...
Subí a mi bici y pedaleé por la calle hasta el inicio de la pendiente, que por suerte al regresar se convertía en bajada.
Un coche negro y reluciente se paró junto a mi, y asomado en la ventanilla trasera estaba Asami, con su jovial expresión y sus mejillas sonrojadas.

-¿Te llevamos, Touya-kun?

Mirándole bien, tiene la marca de mi desenfreno en el cuello...estoy condenado. Pero, ¿por que no me arrepiento? Es la primera vez que quiero saltarme las normas a propósito...

-Negativo-me negué, colocándome la mochila al hombro-. Porque a Asami-sama le gusta el “yo” que pedalea.

Y de un impuso, me dejé llevar por la cuesta, mientras el viento me refrescaba la cara y el ánimo.
El coche pasó veloz junto a mi, y Asami me guiñó un ojo desde dentro.

“Te estaré esperando en casa”-Es como si leyera su mente. Después de todo soy su sirviente; educado, preciso y fiel, aunque me falte aún mucho por aprender.

I hate you, I love you

Miraba sin malicia como corría, como sonreía junto con sus compañeros en el campo de juego sin tapujos ni restricciones. Como si en ese momento solo existiese él y el campo, él y las personas que le rodeaban. Solo lo que tuviera que ver con él.
Y sin embargo no llegaba al pensamiento egoísta. Simple y pura entrega, persiguiendo a los enemigos con todo su cuerpo y no despegando la vista de la pelota, dejándose la piel en hacerse con ella para volver a sonreír luego ante las alabanzas de su frecuentado grupo y los seguidores de las gradas.

Mis dientes rechinaron hasta el punto de molestarme, alejándome de todo aquel sofocante gentío mientras me obligaba a desterrar los sentimientos que se arremolinaban en mi cabeza.
Hacía tres meses que habíamos perdido contra ellos. Nuestro equipo flaqueó y se confió demasiado por el hecho de ser un equipo nuevo y lleno de novatos.
No contábamos con él.
El genio oculto, con su cara pintada de inocencia y su pequeño cuerpo. Con una nimia presencia que no destacaba ni impresionaba lo mas mínimo.
Tooru. Tienes todo lo que yo no tengo. Tienes ese talento innato para el fútbol que solo aparece una vez cada años, ese carisma que hace que todos te quieran y esa forma de comportarte que da confianza a cualquiera que se te acerque.

Te odio, Tooru.
Porque eres especial. Por tu manera de ser. Por creerte que todo se soluciona fácilmente. Incluso detesto tu manera de sonreír.
Y sin embargo, día tras día sigo viniendo a verte entrenar, a ver como sigues sonriendo.
Y también me odio y te odio aún más por hacer que no pueda despegar mis ojos de ti.

Fue cuando cumplí el mes siguiendo la misma rutina. Me encontré a mi mismo esperando tu entrenamiento un cuarto de hora antes, tentado a irme y olvidarme de tu estúpida e injustificada jovialidad, pero nunca llegando a hacerlo.
Esperé, sentado bajo mi árbol mientras soplaba la fría brisa que daba la bienvenida al invierno, oculto entre las sombras de mi rencor sin mirar a nada más que al campo hasta que llegaras. Pero no lo hiciste. Nadie lo hizo. Y me pareció extraño, puesto que mi rutina decía que hacía cuarenta minutos que debías estar corriendo por el campo, hablando a voces con alguno de tus compañeros y alargando los labios para soltar una carcajada estrepitosa.
Pero no estabas. ¿Por qué no estabas allí, Tooru?

-¿Lo has oído? Uno de los miembros del club de fútbol tuvo un accidente esta mañana…

Un retazo de una conversación que estalló en llantos que pude oír desde lejos…

Moriyama Tooru
1993 – 2009
“Porque con una sonrisa los días se iluminan
hasta resplandecer”


Te odio. Por tus cosas sin sentido y por destacar mas que yo. Por dejarme antes de que te pudiera decir a la cara lo mucho que te detesto. Porque…porque ya nunca podré decírtelo.
Por hacerme llorar y golpearme con la brutal realidad mucho antes de haberte dirigido la palabra. Todo es culpa tuya.
Incluso ahora, mirando tu tumba, tengo la sensación de que sonríes. El colorido de las flores, las ofrendas y tu medalla del torneo, todo parecía cobrar mas vida estando a tu lado.

¿Por qué sigues destacando más que yo?

-Te odio…

¿Por qué no puedo parar de llorar, frustrándome a cada segundo por no haber hecho nada más que mirarte?

-Te…odio…

¿Por qué no me quedan fuerzas para mantenerme en pié? Es como si algo en mi interior se derrumbase con la intención de dejar de funcionar en cualquier momento.

-Te odio, Tooru…

Porque ya no puedo vivir sin mirarte. Por que no pasa un solo día en el que quiera ver tu sonrisa. Por que incluso mis días parecían brillar cuando oía tu voz.

Este odio por ti…lo atesoraré para el resto de mi vida.

Empathy love

¿Sabéis lo que es la empatía?

Si,si. Ese poder tan genial que sale en muchos mangas,donde el poseedor del don puede percibir las emociones y sentimientos de los demás como propios.
Pues de eso mismo estoy hablando.
Desde pequeño he sido capaz de sentir como se sienten las personas de mi alrededor o ese tipo de sentimientos muy fuertes que muchos deseamos esconder. Pero para la empatía no hay secretos.

A decir verdad me ha ido muy bien,sobre todo a la hora de evitar a la gente que desprendía sentimientos de odio hacia mi,rencor y cosas igual de perjudiciales. Incluso con mis novias,no lo voy a negar.

Es un don muy útil...
O eso pensaba.

-¡Mikoto-chan, Mikoto-chan!

Asahi Mikoto, 16 años. Segundo año de preparatoria. En mi vida había sido tan desgraciado como en estos momentos del día que se han venido repitiendo desde que este tipo tan molesto se transfirió a nuestra escuela.

-¡Mikoto, comamos juntos!-me grita,aún a pesar de que se ha tomado la libertad de saltar sobre mi mesa y plantar su trasero sobre mis libros de texto.

Fuuma Raikou. Llegado hace cuatro días;con tan mala suerte de haberle tocado en la misma clase que yo.
Es un chico increíblemente alto,con un extraño carisma que atrae la atención de las personas.
Aunque,¿que se puede decir de alguien como él cuando se presentó de aquella manera al llegar?

-¡Me llamo Raikou, encantado de conoceros a todos!Espero que nos llevemos bien y no haya conflictos entre nosotros. Soy una persona algo torpe en ocasiones,así que pido disculpas anticipadas, ¡jajaja!

¿Quién demonios se presenta de esa manera en un instituto?
Para colmo,su carácter no tiene nada que ver con su apariencia exterior, me saca de mis casillas.

-¿Mikoto?-se inclina a mirarme.

Estás demasiado cerca. Y deja de llamarme por mi nombre de pila.

-Fuuma-kun, no deberías sentarte en la mesa de otros-dijo,lo mas educado que puedo mientras tiro de mi libro para sacarlo de debajo de él.
Cogiendo la indirecta,se baja de un salto.

-¡Vayamos fuera! Hace buen tiempo. ¿O prefieres ir a la azotea? Ne,ne, Mikoto-chan, ¿tu que dices?

Y ahí vamos otra vez con las confianzas. Me saco las gafas para masajearme las sienes,que me amenazan con un dolor agudo.
¿Y cual es el problema con este individuo?
Pues que a parte de tomarse confianzas no dadas...¡Emite un frenético deseo de sexo!
Desde el primer día que vino,cuando se me acercó por primera vez su caja de emociones pareció haberse desbordado. Noté sus dudas durante medio segundo para luego quedar aplastado con sus irrefrenables deseos sexuales...

He estado deprimido desde entonces. Hasta que no estoy lejos de él lo suficiente no estoy tranquilo.

¡Pero es que es absurdo!

¿¡Como va a querer hacer esas cosas con otro chico!?¿¡Y por que lo desea con tanta fuerza si nos acabamos de conocer!?¡No,no!¡Que nos acabamos de conocer no es la cuestión aquí!Lo que importa es no dejar que esto siga. Me asfixio cuando lo tengo al lado.¡Como si una gigantesca horda de hormonas se me echara encima con el propósito de violarme a la vez!

-¡Ah,realmente ha sido buena idea bajar aquí!

¿¡Como he acabado comiendo con él en el jardín!?
Oh no,¡no!Por Dios,dime que no estamos solos,otra vez no...

-Ne, Mikoto-chan...-no,no,no-.Realmente eres una buena persona.

¡Mierdaaa!¡Lo está haciendo otra vez,ese maldito demonio!Actuando tan relajado,pretendiendo estar tranquilo cuando su aura psicoticamente pervertida me trepa por la espalda.¡Es la primera vez que he odiado ser empático!

Miro a mi alrededor con la esperanza de ver a alguien,pero parece que todo el mundo se ha volatilizado. Menudo momento mas inoportuno...

-¿Sales con alguien, Mikoto-chan?

...

-Ayer me preguntaste lo mismo-dos veces además, cabronazo, y delante de toda la clase cuando llegaste hace cuatro días-.¿A que viene ese interés?

-Nunca me contestas-se tumba sobre el césped con las manos haciendo de almohada-.Quiero saber mas cosas de Mikoto-chan-gira sobre sus caderas,apoyando la cabeza en una de sus manos y colocando la otra descuidadamente sobre su costado,adoptando esa "pose sexy" de modelo de propaganda que me ha mostrado los últimos días.

Joder,te odio, Fuuma.

-No es algo tan importante-me limito a contestar,y es cuando la sensación se vuelve mas fuerte. Evito mirarle,pero sé que me observa,pensando a saber qué,mientras sus deseos son tan claros para mi como un libro abierto.

Escucho la hierba crujir y hecho un vistazo para vérmelo a la altura de mi hombro,con los labios entreabiertos y con esos ojos color miel irradiando la fuerza de su deseo indecente.
Huele bien...¿Que perfume utilizará?

¡Noo, nooo!¡Demasiado cerca,demasiado cerca,demasiado cercaaa!

-¿Asahi-sempai?-¡Ah,dulce voz de la salvación!

Me pongo en pié rápidamente, alejándome de aquel acosador lo mas rápido que pude. Kazu,un chico de primer año que parece haberse convertido en mi ayudante personal se acerca para extenderme un comunicado.

-El consejo de estudiantes le llama antes de que comiencen las clases. Si no está muy ocupado...-dice tímidamente, mirando tras de mi a Fuuma, arrodillado en el césped cabizbajo.

¿Ocupado?¿Bromeas?

-No,tengo tiempo.

-Vayamos entonces-y echó a andar. Dí una última mirada a Fuuma y me marché también.

En la sala de la segunda planta donde solía reunirse el consejo estudiantil,me extrañó no ver al tesorero,un chico robusto de pelo negro y corte seco que siempre acompañaba al presidente a todas partes. La extraña pareja que formaban ambos era famosa por toda la escuela. También me pareció muy extraño que me hubiesen llamado para algo sin importancia,mientras un mal presentimiento a cerca de sus deseos y sentimientos en ese momento me llenaba la cabeza.

...

Al día siguiente Fuuma no vino a la escuela.¿Estaría enfermo?Aunque ha hecho buen tiempo...Sabiendo como es,habrá hecho alguna tontería y se habría resfriado.

En parte me alegro,¡que tranquilidad!

-Asahi-kun, ¿podrías encargarte de que le llegaran los apuntes de hoy?

......Menuda manera de romperme la burbuja. Esto me pasa por ser delegado de clase.
Por supuesto,a los del comité no les hizo demasiada gracia que faltase hoy a la reunión después de clases.
No es que sea miembro,pero desde que me eligieron delegado de clase,y por ser el tercero con las notas mas altas,siempre cuentan conmigo para ayudarles en temas del alumnado. Es algo así como "para saber de la plebe,preguntale a la plebe".
Un estudio muy eficaz.

Y aunque el presidente se despidió de mi con una sonrisa adónica y un "no te preocupes por nada",pude sentir su molestia tornándose en odio. Lo curioso es que no iba dirigida a mi,por lo que no le di mucha importancia. Me sorprendió mas que el tesorero,un chico tan monofacético y tranquilo estuviera herido. Tenía vendas en las manos y un par de tiritas en los brazos,aunque seguía teniendo aquella cara de palo que asustaba,por lo que no pregunté.

La dirección de Fuuma me la facilitó el profesor. Y me sorprendió ver que no estaba muy lejos de la mía,en un bloque de edificios unas calles mas abajo.
Miré la nota con la dirección y subí hasta el noveno piso,puerta 136 y toqué el timbre. Tenía correo atrasado en la boquilla del buzón,como si hubiese estado ausente durante meses.
Cuando la puerta se abrió,algunas cartas cayeron dentro.

-¿Mikoto?

Fui a reprenderle por tener la dichosa manía de llamarme por mi nombre cuando me sacudió un escalofrío desagradable. Pena,miedo e impotencia mezcladas en una sensación que me dejó helado unos segundos antes de poder mirar a Fuuma y confirmar que algo no iba bien.

Fuuma tenía la mejilla hinchada, tornándose morada. También una herida en el labio mas leve.Inspeccioné todo lo que mi vista alcanzaba y,a parte de unos rasguños en la mano derecha no vi nada mas de sumo interés.

-¿¡Que te ha pasado!?-no pude evitar gritarle,dando unos pasos hacia él.

Y otra vez aquella sensación de imponencia tan fuerte que me mareó,cuando Fuuma dio dos pasos atrás y forzó una sonrisa.

-¡No pasa nada!Solo me caí,ya sabes lo torpe que soy-eres un mal mentiroso,imbécil-.Mikoto, no deberías estar aquí. Debes tener tareas que hacer,así que...

Es confuso. Gracias a la empatía siento su aturdido remolino de malos sentimientos,pero las ganas de lanzarse sobre mi con ese tipo de intenciones ha desaparecido por completo.

-¿Fuuma?-le miré fijamente,pero no me encaraba. Solo desviaba la mirada de un lado a otro hasta detenerse en los papeles de mis manos.

-¡Ah,gracias por traerme esto!-prácticamente me lo arrebató de las manos-.Siento las molestias,nos vemos mañana-y cerró.

Me acaba de cerrar la puerta en plenas narices...Jodido mocoso....

En silencio me retiré,salí a la calle y caminé a mi casa. Una vez allí,y confirmando que no había nadie,me desprendí de la chaqueta de mi uniforme,la colgué y tras dejarla a buen recaudo golpeé con ganas la pared de mi habitación con un puñetazo que me desahogó en parte el cabreo que traía.

¿¡Quien te crees que eres, Fuuma!?Niñato prepotente,estoy empezando a detestarte seriamente.¿A que viene esa actitud?¿Por que ese repentino cambio de sentimientos?¡Eras tu el que se me pegaba y me acosaba mentalmente,pedazo de pervertido Gay!¿Tan rápido te cansas de....?

Oi....Espera.¿Que estoy pensando?"¿Tan rápido te cansas de mi?"...En primer lugar,¿por que estoy enfadado?¡Asahi Mikoto,por Dios céntrate!¡Me da igual lo que haga!Es mas,un problema menos. Ahora podré regresar a mi normal vida de estudiante modelo,¿de que me quejo?

-Olvídalo. Tengo que estudiar.

Exacto. Solo ignora a ese payaso.


O eso quise...En serio que quise,con todas mis fuerzas.¿Pero como puedes pasar de un tipo de metro ochenta que se presenta tarde a clase con la mitad de la cara cubierta por un parche y sonriendo tontamente?¿Como ignorar esa angustia que despide su aura,que me hace deprimirme también al sentirla en mi propio cuerpo?¿Como puedo pretender que me da igual cuando pasa descaradamente de mi a la hora del almuerzo?

El de la mala aura ahora soy yo. Y creo que muchos lo han notado,ya que me han rehuído al pasar por mi lado. Seguro que desprendo cuchillas de venganza por todos mis poros.

Pero eso no fué todo. Esto se repitió durante tres días mas. Llega tarde,sonríe falsamente,me desvía la mirada y sus emociones sigues marchitas y ansiosas en cierta forma.
...Y yo recitando por milésima vez todos los componentes del número PI.

Es insoportable. Admitiendolo claramente,no me gusta que me acose con a saber que guarradas se imaginará sobre mi,pero no tolero que me ignoren de forma tan patética.

Hasta aquí llego. A la hora del almuerzo,cuando se disponía a irse a comer con un grupo con el que se había juntado estos días lo agarré por el brazo y lo arrastré hacia la azotea,mientras le escuchaba decir tonterías.

Al subir del todo lo empujé dentro y cerré de un portazo. Respiro, dándome valor y calmando mis latidos. Es la primera vez que soy tan impulsivo...

-¿Que ocurre, Asahi-san?

¿¡Asahi-san!?

-¿¡Que es lo que te pasa a ti,bastardo!?-Que nadie me oiga hablar así...Nunca.

-¿Que?

-¡No te hagas el tonto!¡Estás ignorándome, Fuuma!Desde que llegaste he probado de todo para que me trates con el respeto que merezco,y de la noche a la mañana cambias y haces lo que te dá la gana,¡esto no es serio!

-¿Que dices, Asahi-sa...?

-¡Deja de llamarme así!-me acerco a él y lo sujeto por el cuello maltrecho de su camisa para encararlo, a pesar de ser mucho mas alto que yo-¿Que diablos te ha pasado para que ya no quieras estar conmigo?

Error...Mala pregunta. He sonado como una mujer despechada.

-¡Pero Mikoto,yo si quiero estar contigo!

-¿¡Entonces que estas haciendo!?¿Es algún tipo de juego para cabrearme?Porque si es así lo has conseghmmn...

...Me...¿Me está besando? S-Si,¿no? Es un beso.¡Es un beso! ¡Me está besando un tío! ¡¡Oi, Oi, saca la lengua de mi boca, pervertidooo!!

Me abraza por la cintura y me pega mas a su cuerpo,mientras noto que mi capacidad respiratoria está quedándose sin reservas.¡Joder Fuuma,que sepas besar no significa que tengas que matarme para demostrarlo! ¡Apartate!

Y lo empujé. Claro,es obvio. Después de todo es demasiado...raro.
Sin embargo no dije nada. Aún sintiendo la calidez de su lengua rozando la mía, me ruboricé hasta las orejas,no pudiendo mirarle a los ojos ni siquiera para insultarlo apropiadamente.

-Mikoto, me gustas.

...Vale,ahora si que le miré. Intuía algo así por sus deseos de sexo,pero oírlo tan claramente como que....

-Desde que llegué y te vi por primera vez,tan sereno y serio.Tan genial...

Oi, Oi, baja de la nube, Fuuma...

-Pero...Lo siento, Mikoto. No puedo...Alguien como yo no puede estar contigo.

Habla como si yo fuera Rey,el un plebeyo lechero y nos fuéramos a casar o algo...

-¿Que quieres decir con...?

-¡Lo siento mucho!-gritó, haciéndome una reverencia y saliendo a la carrera de la azotea.

¡Ah no,amigo!
Le seguí. Huuuy, ya lo creo. Lo vi bajar y tropezar en las escaleras y luego el sonido de sus pasos paró. Bajé rápidamente tras el antes de que me despistase;aún no he terminado de hablar.

-¡Fuuma espera,explicame...!

El consejo estudiantil estaba parado al completo en el ultimo tramo de escaleras del tercer piso.El presidente con la chaqueta echada sobre los hombros,de brazos cruzados y expresión sorprendida al principio hasta que sutilmente frunció el ceño.
El tesorero,que cargaba los libros,miraba fijamente a Fuuma sin mostrar emoción.

-Asahi, te estaba buscando-me dijo el presidente,sonriendo de una manera que me dio escalofríos internos. Eso y su aura antipática. Pero no es dirigido a mi...

-Discúlpeme, presidente. Fuuma-kun y yo...

-Fuuma tiene que acompañar a Kenji a la sala de profesores.¿no es así?-se giró al tesorero.
Este asintió. Parecen amo y señor.

Ahora que caigo,¿el presidente me acaba de interrumpir?...Es una teoría pero,¿puede que el aura antipática y rencorosa que emite sea por Fuuma? ¿Por que iba a odiar tanto a Fuuma? El presidente nunca se ha rebajado al nivel de estudiantes así...

-¿Asahi?

Ah,me he quedado pensativo un buen rato. Fuuma ya bajaba las escaleras con Kenji-san,que le había dado los libros a otro miembro de comité y el presidente se había acercado a mi.

-¿Estás bien?- preguntó con esa sonrisita suya,alzando luego la mano y colocándomela en la frente-.¿Fiebre por estrés?

-Estoy bien- le sonreí de la misma manera,terminando de bajar el escalón para seguirle tras una corta introducción que me hizo a cerca de revisar antiguas propuestas de alumnos.
Miré tras mi espalda,notando aún el rastro de aura preocupada y emocionada de Fuuma. Sé que es la suya porque él es el único capaz de mezclar sentimientos angustiosos con algo de felicidad auténtica,ese idiota...

Pero me inquieta mas lo que desprende el presidente. Y después de estar los primeros cinco minutos sentado frente a él mientras sus "subordinados" buscaban las supuestas propuestas estudiantiles,logré unir cabos...

Fuuma llega, me acosa, quiere violarme en todo el sentido de la palabra,pero un día deja de hablarme y curiosamente falta a clase por tener la cara hecha un cromo; a su vez el tesorero,un tipo que es mas discreto y seco que una piedra también aparece con indicios de pelea. Si sumamos eso a que el presidente parece odiar a Fuuma, lo dividimos por el carácter de ese idiota con respecto a mi y lo multiplicamos por el hecho de que me tengan retenido aquí por tonterías y Fuuma perdido a solas con Kenji-san, eso da un resultado de....

¡No jodas!

Me levanté,esta vez si que perdiendo por completo mi perfil de estudiante modelo y salí corriendo de allí mientras escuchaba al presidente llamarme. Si es cierto lo que creo,ese tonto ha sido obligado por el comité para que no se me acercase.¡Será...!

Bajé hasta el primer piso, casi comiéndome el suelo en los dos últimos escalones. Me saco la chaqueta del uniforme y me aflojo la corbata;se nota que no hago estas cosas a menudo,estoy sofocado. Pregunto si alguien les a visto ir a algún lugar en concreto y tengo la suerte de saber que han salido fuera.

Piensa Mikoto, si fueras un matón, ¿a donde llevarías al pardillo de turno para darle una paliza?

-Al cobertizo tras el gimnasio- me respondo antes de currarme otra carrera hasta allí.

La verdad,no estaba muy desencaminado, pues llegando me golpeó el aura de Fuuma en plena cara. Estaba ansioso, reprimido, frustrado, triste, alegre, preocupado...Es increíble cuantas emociones se contrarían en ese tipo, que confuso.
Confirmando mis cálculos,estaba con Kenji, que a pesar de ser de su misma estatura lo estaba acorralando contra la pared con su monótona expresión, dando un paso al frente mientras Fuuma por lo visto se recuperaba del aturdimiento de un golpe en el estómago.

Y otra vez perdí la compostura. Es increíble las veces que he hecho el idiota en un solo día; espero seriamente que no se repita...

-¡¡FUUMA!! -Chillé. Y nótese la poca costumbre de hacerlo porque se me cortó la voz de lo furioso que estaba. Ambos se giraron para ver como corría hacia ellos,dando un traspiés algo tonto al llegar a su altura, alzando el puño sin pensarlo demasiado (o nada en este caso) y golpear al tesorero,que retrocedió tres pasos con la mano en la mejilla, sin cambiar expresión.

-¿Mi...koto?-El que si quedó alucinado a parte de mi fue Fuuma, al cual encaré y abofeteé con todas mis ganas,dejándolo mas confuso aún.

-¿Eres idiota?-vale, cordura restablecida. Me giré a Kenji, que parecía esperar para terminar su trabajo y le lancé una mirada venenosa. De nada servía sonreír ahora-.Kenji-san,informa al presidente de que tendré una larga conversación con él al final de las clases. Y que de momento no cuente conmigo para colaborar con el comité.

Kenji me miró, luego miró a Fuuma e hizo una leve inclinación de cabeza antes de marcharse. Cuando lo perdí de vista,me crucé de brazos y me dirigí a Fuuma de nuevo,sin cambiar la mirada.

-Esto...Mikoto...

-Nada de lo que digas te va a salvar esta vez -fruncí mas el ceño-.¿Tan fácil eres de intimidar?¿No se suponía que yo te gustaba?

Joder,otra vez pareciendo una mujer....

-¡Y me gustas! Pero el presidente dijo que yo te molestaba...-¿Que?-.Que Mikoto era demasiado brillante para que yo lo arruinase todo. Luego pensé que quizás por mi culpa pudiesen golpearte a ti también y...

Este chico es un completo...

-¿Como iban a ser capaces de agredirme? Lo mas seguro es que te amenazaron porque creyeron que me quitarías tiempo y no podría ayudarlos con los trabajos del consejo.

-¡Pero si no me importa!-sentí su aura reprimiéndose, llena de deseo indecente otra vez-.No importa lo que me puedan hacer a mi. Ya te lo dije,me gustas. Pero no quiero...

No pudo seguir hablando porque experimenté esa sensación de cuando tu cuerpo se mueve solo y hace cosas que tu normalmente no harías. En resumen,que lo cogí de la corbata del uniforme y le besé. Un beso en toda regla,de los largos,húmedos y condenadamente adictivos.

Cuando me estaba preguntando que demonios hacía y las ganas de esconderme bajo una roca en resto de mi vida me invadían el cuerpo,lo aparté de un empujón, dejándolo de nuevo contra la pared, sonrojado y recuperando el aire.

Quien lo diría,se me da bien.

-No soy tan frágil como piensas,sé defenderme y se como llevar cosas difíciles. No te perdonaré como sigas tratándome como te convenga,estúpido crío.

-Mikoto...-No supe si asustarme de ese tonillo emocionado tan empalagoso o del enorme deseo que emanaba de todo su cuerpo, envolviéndome hasta subirme los colores como nunca.

-Fu...¿Fuuma?-dí un paso atrás al tiempo que el daba dos hacia delante-.¿Que haces?

-Mikoto...

-Fuuma,¿que vas a...?

...He cavado mi propia tumba. Es lo que pensé cuando se me lanzó encima,revirtió posiciones y me acorraló contra la pared,estrechándome entre sus brazos,besándome lo mas profundo que podía,colando las manos por entre mi ropa,atravesando su rodilla entre mis piernas,mientras las sensaciones reales se mezclaban con las que me traspasaba con su mente...Tan intenso. Mi cuerpo se estremeció hasta que recordé donde estábamos...

¡El instituto,joder,el sagrado instituto!

-¡Fuuma!¡Ummh!-me seguía besando,e intentaba apartarlo. Pero se desvió a mi cuello, mordiéndolo-.¡Ahhh!¡No,espera...!-¿Esa voz orgásmica ha sido mía?

-Mikoto...No puedo,te quiero. Mikoto, Mikoto...

-¡Puedes pensar por un momento en donde estamos, pervertido!¡Deja mi cuello,me dejarás marcas!¡Y aparta las manos de mi trasero!

-No. Dejaré marcas para que vean que eres mío.

¡Y ahí seguía,ni caso!¡Agh, te odio mucho, Fuuma, en serio!

-¡No seas absurdo, Raikou!-Le empujé y cayó ruidosamente al suelo. Me enderecé las gafas y me coloqué la ropa,subiéndome el cuello de la camisa.

-¿Como...me has llamado?

-No tolero esta conducta en la escuela-dije,muy digno,dando media vuelta y con la intención de volver al aula-....Así que espera a que lleguemos a mi casa.

Fijo que estoy rojo hasta la raíz del pelo. Y el aura de felicidad total que desprendió Raikou al alcanzarme hizo que lo estuviera mas.

-¡Si!-sonrió,tan inocentemente que me hizo alargar una sonrisa a mi también.

Puede que no me moleste tanto que logres sacar mi verdadero yo,niño tonto.
Aunque no sé si soportaré todos tus deseos...