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jueves, 11 de junio de 2009

2-Confianzas

Episode 2- Confianzas
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Había salido a beber con sus compañeros de trabajo. Después de su movida noche pasada con un extranjero, le apetecía ser exótico, libre. Aunque claro, ¿cuando no había sido libre Fuji Syuusuke?
Salieron tarde del último bar de Ginza, despidiéndose hasta mañana. Pero Fuji no estaba por la labor de volver a casa por el momento...

El despertador sonó, y lo maldijo hasta lo infinito por tener un sonido tan estridentemente estresante. Lo paró con la mano, intentando quedarse un ratito mas en la cama.

-¡FUEGO! ¡La casa se quema!-Escuchó en el silencio de la mañana. Botó del colchón como si tuviera corriente y salió escopeteado al salón,mirando a ambos lados para localizar indicios de llamas...Pero el único fuego que vio fue el de autocomplacencia en los ojos de Fuji, que estaba sentado en el sofá que le había regalado a Momo ayer, tomándose tranquilamente un tazón de chocolate caliente; como si el hecho de estar allí a las seis y media de la mañana fuese algo normal.

-¡Buenos días!-Sonrisa al canto.

-¿Se puede saber que haces?-Preguntó Ryoma, perplejo.

-...¿Bebiendo chocolate?

-No me refería a eso...

-¡Oh, tranquilo! Hay para ti también. ¿Quieres que vaya a por unos churros?

Ryoma suspiró, resignado, y caminó a encerrarse en el baño para adecentarse e ir a la escuela.

Diez minutos después despertó Momo. Y otra vez Fuji tuvo la oportunidad de verlo medio desnudo.

-Hola, sem...¿pai? ¿Que haces aquí? ¿Por donde has entrado?-Preguntó en mitad de un bostezo.

-He hecho la escalada de la lagartija y me he colado por la ventana-Sonrió.

-Oh...¿Es chocolate?-Señaló la taza, sin darle la menor importancia a que se hubieran colado en su casa.

El primer grupo de la mañana se encaminó al laboratorio cinco, dispuestos a proseguir la investigación de como clonar una oveja y modificar sus genes para que hablara; cosas normales que se hacen todos los días, vamos. Abrieron la puerta, comentando el nuevo nombre que le iban a dar a aquella nueva especie y en qué se gastarían el dinero del premio nobel cuando vieron un bulto sospechoso en la mesa de los tubos de ensayo. La mesa,desordenada, con restos de lo que antes fueron animales a medio diseccionar, las probetas con sustancias burbujeantes o que cambiaban súbitamente de color o se volvían transparentes, envases de comida china y un bote de leche de marca barata.

Se acercaron con cautela. Aquel cuerpo tenía hasta una masa de polvo acumulada encima.

-¿Inui-kun?-Lo llamó uno. El líder del grupo de acercó con una escobilla y comenzó a limpiarle el polvo como si se tratase de una estatua.

-¡No, Kaoru, no es lo que parece! ¡El jugo me obligó!-Se despertó de repente, levantándose y dejando el corazón de los presentes a la altura del esófago. Tomó consciencia que estaba en el laboratorio y se subió las gafas, recuperando la normalidad.

-Inui-kun, ¿ha pasado la noche aquí?-Preguntó el serio líder.

-Afirmativo-Se sacó la bata blanca, y a pesar de que era de mañana el aula se oscureció y sonó un trueno, mientras las lentes de Inui brillaban-.Y por fin está terminado...jojojo, ¡Terminadooo!

Todos estuvieron de acuerdo en que parecía el creador de Frankestein. Lo vieron ir hacia la nevera para conservar y sacar de ella con unas pinzas un medidor del tamaño de un vaso,mientras usaba mascarilla.

-La perfección líquida-Dijo, siniestro, y un vapor con forma de calavera salió de la bebida-¿Un trago?-Los invitó.

Los chicos retrocedieron, recordando las leyendas que circulaban por la universidad. Como la que decía que un joven e inocente muchacho accedió a probar la misteriosa bebida Inui y no se lo volvió a ver; o esa otra que afirmaba que Inui era un extraterrestre que usaba líquidos extraños para poner a la humanidad de su parte y así gobernar el planeta; o la última que decía que usaba elementos químicos para convertir a la gente en pokemons. Que peligro...
Pero mientras analizaban todas esas leyendas, Inui ya se los había hecho tragar a base de chorritos que salían de una pistola de agua que antes no estaba en escena.

Un grito retumbó en el distrito de al lado, seguido de la sirena de una ambulancia.
Inui, satisfecho de los resultados, salió a la calle.

Oishi se había levantado en su gran apartamento de dos habitaciones y cocina americana, con un salón de metros y metros cuadrados y su terraza al sol. Por su gran ventanal se colaban los rayos de sol que se salvaron después de que lo opacaran repentinamente unas nubes negras (Las de Inui xD), resaltando lo increíblemente limpio que estaba todo.

Vamos, que Oishi Syuichirou estaba forrado de pasta.

Había ido a la cocina con un pelo fuera de su sitio después de levantarse, se había preparado un café y había abrazado a sus gatos. Porque a Oishi le encantaban los gatos; sobretodo los pelirrojos.

-Buenos días, Kiku-chan-Acarició la cabeza a uno-¿Tienes hambre, maru-chan? ¿Y donde está Eiji?-Miró a su inmenso salón para verse a un gato de nueve kilos sobando en el sofá, totalmente aplatanado.
Fue hacia allí al ver que no reaccionaba al ruido de la lata de comida y lo zarandeó un poco.

-¿Eiji?-Se le quebró la voz-¿No tienes hambre? ¿Eiji? ¿¡Estás bien!? ¡Responde, Eiji!-Un foco iluminó a Oishi-¡No puedes dejarme, noooo! ¡Querido y amado Eiji!-El gato gordo e inerte le mandó un zarpazo en la cara con la advertencia de que le dejara dormir y se callara la boca. Los otros dos gatos miraron a su amo con gotas azules junto a las orejas: desde luego era el amo más dramático del mundo.

Superado este trauma, Oishi tomó su taza y fue al escritorio de su segunda habitación, a la que el llamaba "despacho", pero que mayormente utilizaba cuando tenía que planchar la ropa o coser alguna prenda. Abrió el portátil, dispuesto a continuar con una novela que empezara ya hace una semana; puso las manos sobre el teclado...

20 minutos después...

Oishi seguía con las manos en el teclado, pero no había escrito nada. Tenía como fondo de pantalla a su gordo gato Eiji hasta que pudiera conseguir una foto del Eiji verdadero.

-Mi amado Eiji...-suspiró-¿cuando comenzarás a notarme? ¡Oh, grandísimo Dios, has que nuestro amor florezca!-De a saber donde, había cogido una calavera humana y la había alzado en una mano,mirándola fijamente mientras el foco lo volvía a iluminar, gastando luz-¡He ahí la cuestión! ¿Me querrá? ¿No me querrá? ¡Oh, designios de la vida!-Como se notaba que era actor de teatro. Dramático hasta la médula.

Y mientras, su gordo gato dormía panza arriba, soñando con lasaña.

El culpable de las depresiones de Oishi por un amor supuestamente no correspondido se hallaba feliz de la vida en su puesto de asistente de chef. El jefe había visto muy oportuno ponerlo de cara al público por su irresistible encanto infantil. El tipo se estaba haciendo de oro gracias a nuestro ignorante pero encantador neko, que saltaba de un sitio a otro en los límites de la cocina y el salón.

-¡Hoi, hoi! Hoy de postre hay...-Dio una pirueta, destapando la fuente del postre con una coreografía mas que ensayada-¡helado!

Clientas desmayadas por el dulce brillo que Eiji desprendía. Dejó de un salto de bailarina de ballet la fuente de helado de fresa con virutas de chocolate y una capa de nata en la mesa 7, deseándoles buen provecho.
Mimi-chan, la clienta asidua, cogió la cucharilla larga para probar aquel manjar...pero una mirada la detuvo.
Eiji estaba agachado junto a la mesa con un dedo en la boca y con ojillos brillantes. Era demasiado tentador, demasiado delicioso, absolutamente apetitoso...y el helado también lo era. Al final, con cierto rubor en las mejillas y una mini gotita deslizándose por su cabeza, dirigió la cuchara a su boca, donde Eiji, con rostro gatuno, comió la porción de helado.
Un "¡oohhh!" general se escuchó. Sin embargo el jefe, con su super técnica de patada voladora lo mandó a las cocinas de nuevo.

-¡No te aproveches de tus encantos para esto, Kikumaru!

-Nyaa, pero si solo fue un poquitoo... Como se pasa, jefe.

-Por listo el pago de ese helado saldrá de tu sueldo.

-¡Pero si no me lo comí!

-¡He dicho!-El gato se encogió ante aquel hombrecillo de un metro treinta-¡Y ve a atender a los nuevos clientes!

-Siii, sii-Salió, teniendo la impresión de que lo trataban como un camarero. Pero al ver que el nuevo cliente era Akutsu volvió de un soplo a la cocina-¡No quiero hablar con ese!

-¿Pero que dices? ¡Vuelve ahí fuera!-Lo arrastró. Eiji se agarró de los marcos de la puerta.

-¡Que no, jooo! ¡Que me da miedo! ¡Ese tipo roba y come bebés!

-....¡Deja de decir idioteces y sal!-Lo aventó afuera tan lejos que acabó sobre la mesa en la que Akutsu se había sentado.

El del pelo de punta lo miró, expandiendo una sonrisa sarcástica.

-Si tu eres la especialidad del día, dame ahora mismo la hoja de reclamaciones.

-Nya, ¿Por qué estás aquí pudiendo estar en otra parte?-Akutsu frunció el ceño y Eiji Kikumaru hizo lo que un hombre sensato debe hacer: esconderse entre las ollas de la cocina.

Inui llegaba a casa de Kaidoh allá por el mediodia. Abrió la puerta con confianza, pues no llevaba seguro y entró.
Su apartamento era pequeño. Nada más entrar estaba la cocina y la nevera quedaba tras la puerta. Una barra americana separaba un salón estrecho, en el cual tenía una alfombra con pesas y aparatos pequeños de gimnasia.

-Este es mi Kaoru...-Se dijo, esquivando todo aquello y caminando hacia la habitación derecha.

Kaidoh salía del baño, que estaba al fondo junto a la cocina, envuelto en una toalla de cintura para abajo mientras que con otra se secaba el pelo. Su impresionante oído de serpiente (¿?) detectó ruido y su vista movimiento dentro de su cuarto. Cogió la toalla que tenía en las manos como si fuera una soga para ahorcar gente y se acercó despacio. Se preparó y saltó sobre aquel sujeto frente a su cama, tapándole la cara con el trapo húmedo y colgándose de su espalda.

-¡Quieto, bastardo!-Tanto se movió que acabó botándolo en la cama, aún sin dejarlo ir.

Inui se esforzaba por no morir asfixiado.

-Kaoru...¡Kaoru, soy yo!

-¿Ahh?-aflojó la fuerza del agarre, dejando a Inui darse la vuelta. Efectivamente, estaba sentado a horcajadas sobre su sempai-¿Pero qué...?

-Tranquilo-Le mostró las manos-, soy yo, ¿lo ves?

-Inui-sempai, has allanado mi casa.

-Eso no es del todo cierto. No tenías el seguro. De lo cual me alegro ahora mismo-Y sonrió, refiriéndose a la posturita que ambos mantenían. Kaidoh apartó la mirada, incómodo, dispuesto a levantarse. Cosa que no logró cuando Inui lo sujetó por el brazo, aprovechando la sorpresa de su Kouhai para cogerlo suavemente por la nuca con la otra mano y dirigirlo hacia sus labios.

Kaidoh abrió los ojos al verse besando a Inui, sintiendo la lengua del otro intentando penetrar en su boca. Muy a su pesar, Inui cortó el beso, no queriendo sobrepasar la duración permitida por la consciencia de Kaidoh.

-Q-¿Que haces?-Fue lo único que se le ocurrió preguntar a un alucinado Kaidoh.

-Me sentía nostálgico. ¿Desde hace cuanto que no hago esto? ¿Desde el instituto?

-Aquella vez no significó...

-Si significó. No te mientas, Kaoru. Aún estoy esperando la respuesta a la pregunta que te formulé hace cuatro años.

Kaidoh tragó saliva. Se acordaba de aquella escena muy bien, y recordaba perfectamente lo avergonzado que se sintió en el momento en el que Inui se le declaró. A partir de aquel momento le permitía besarle o abrazarle con caricias que no pasaran de la ropa, pero nunca le había contestado.

-De todas maneras, olvídalo-Quiso levantarse. Se sentía demasiado tenso. De nueva cuenta, Inui se lo impidió.

-No puedo olvidarlo. Kaoru, sabes que te quie...

-¡No lo digas!-Gritó.

-...

El ambiente serio que se había formado en esta supuesta historia de humor se desvaneció cuando Momoshiro, con todo su morro, apartó la puerta y entró a la habitación.

-Eh, Mamushi, ¿tienes un poco de...?-vio la escena de Kaidoh, completamente rojo sobre los muslos de un Inui inmutable, que seguía sujetándolo por los brazos y el cuello-Oh, disculpad. No sabía que os estabais enrollando-Soltó una risita y desapareció.

-¿¡Que...!? ¡¡Oye tu, espera!!-Bajó de la cama por fin, queriendo seguir a Momo, pero Inui se le abrazó a la pierna.

-¿Lo ves? ¡Lo nuestro es inevitable, querido!

-¡Quita, coño!-Lo pateó, mandándolo a la otra punta del salón-¡Tu, pedazo de idiota, ESPERA he dicho!-cogió carrerilla para echar abajo la puerta de enfrente.

Fuji venía por el corto pasillo que había después de subir las escaleras, vestido formalmente y cargando un maletín de mano negro. Vió como Kaidoh pateaba la puerta de Momo y este le gritaba palabrotas desde dentro. Miró al interior del piso de Kaidoh y vio a Inui tanteando el suelo en busca de sus gafas, con un gran chichón en la cabeza.
No se arrepintió de haber venido.

Kawamura entraba en la cafetería que había cruzando la calle. Se sacó el abrigo y lo colgó en el perchero junto a la puerta de entrada,pidiendo en la barra una bebida fresca y algo para picar. Mientras esperaba vio que desafortunadamente, el sofá del fondo estaba ocupado...Pero era Oishi el que estaba en él.

-¡Oishi!-Le tocó el hombro y la cara de un depresivo Syuichirou lo miró-Oi...shi, estás pálido, pareces Casper-Cogió sus cosas y se sentó junto a el, dejando el vaso y el plato del dulce en la mesa.

-Pensé que Eiji moría hoy...

-¿¡Eiji!? ¿¡Que pasó!?

-Pero, ¡no pienses burradas hombre! ¡Me refiero al gato!

-¡¿Nuestro gato Eiji casi muere!?-seguía asustado Taka-san.

-¡Me refiero a mi gato Eiji, un gato con cuatro patas y una cola! ¡Un gato!-Aclaró entre berridos Oishi, igual de asustado.

....

Después de recuperar la normalidad, continuaron hablando.

-Pero bueno, está bien, pasó el susto.

-No es solo eso-Se llevó las manos a la cara, dramatizando otra vez. Suerte que se había dejado la calavera en casa-¡Estoy locamente enamorado!

Taka-san se atragantó con el dulce de crema.

-¿Eh?

-¿Que harías tú en mi lugar, Kawamura? ¿No es para deprimirse?

-No te preocupes, Oishi. Seguro que es un capricho, como los tamagochis; siempre quieres uno-Bebió de su vaso.

-Han pasado cinco años y aún estoy enamorado-Kawamura escupió la bebida.

-¿¡Tanto!?-Oishi le miró con cara de perro apaleado-Quiero decir, que admirable-asintió, no creyendoselo ni él.

-Tengo que conseguir que me note...-Pensaba en voz alta.

-Pero vamos, tu eres un chico amable, maduro y muy buena persona. Es imposible que no te haya notado ya-Lo intentaba animar.

-...¿En serio?-Recuperaba poco a poco su ego.

-Claro. Sé tu mismo y le gustarás.

-Sé tu mismo y te notará menos-Se escuchó desde atrás. Ryoma llegaba con su uniforme de instituto, con una ponta en la mano. Se sentó en el sofá individual, dejando su cartera con los libros a un lado.

Oishi puso ojitos brillantes.

-¿Por que dices eso, Echizen?-Al borde del llanto.

-Pues es que como sigas así ya no solo se te va a pasar el arroz, se te va a oxidar hasta la cazuela-Ryoma y su versión de la cruda realidad.

Un aura oscura envolvió a Oishi.
En estas entran Inui; con el chichón en la cabeza y las gafas agrietadas y Fuji, mas sonriente y brillante que nunca.

-¡Hola a todos!-Saludó-Echizen, ¿ya vuelves de la escuela?

-Si quieres me quedo a pasar la noche allí.

-Creo que deberías subir y ayudar a Momo. Al parecer se hirió el brazo en su trabajo y fue a pedirle a Kaidoh un poco de medicamentos. O eso me han contado-Y miró a Inui.

-¿Se hirió?-Preguntó Taka-san-¿Es grave?

-Será grave si se queda más tiempo a solas con Kaidoh.

-Ese idiota...-Se levantó Ryoma, cogiendo su cartera.

-Que sorpresa. ¿Vas a ayudarle?-Preguntó Inui, que a pesar de los años, seguía con la fastidiosa costumbre de tomar datos de los demás. Ryoma no contestó y salió de la cafetería.
Los demás siguieron intentando sacar a Oishi de su depresión.

El pequeño ya no tan pequeño de Seigaku terminó de subir las escaleras y estaba por abrir la puerta del apartamento cuando la voz de Momo salió del apartamento de enfrente.

-¡¡Au, Ahh!! ¡Estúpido, eso duele!

-¡Pues mantente quieto, quejica! ¡En primer lugar no debería estar haciéndote esto! ¡Buscate la vida!

Ryoma pegó la oreja a la puerta.

-¡Ah! ¡Espera! ¿Que haces? ¡No derrames eso ahí, mamushi! ¡¡UAAHHHHH!!

Ryoma dio un salto hacia atrás.

-¡Aprende a hacerlo tu mismo, no es tan difícil! ¡O pídele al mocoso que te lo haga!

-Cabronazo, lo has hecho a propósito. Solo quieres silenciarme porque te vi haciéndolo con Inui.

-¡¡No estábamos haciendo nada!!

-Que no dice. ¡Pero mírate, si estás rojo! Si apagase la luz ahora mismo tu cara iluminaría la habitación.

-¡¡Que no era nada!! ¡Pero tampoco quiero que lo vayas diciendo por ahí, cotilla!

-¡EH! ¡Eso ha dolido!

-¡Deja de hacer fuerza, me pones nervioso!

A estas alturas, Ryoma ya se había desentendido del tema, había dejado su uniforme en el sofá del apartamento que compartía con Momo y se había metido bajo el chorro de agua caliente de la bañera.

Estaba considerando muuuy seriamente el volver a casa con sus padres. Cosa que pasaría tan pronto como le dijera a Momo que lo de que tenía trabajo era una grandísima mentira.

Y mientras, aquellos dos...

-Ya está-Terminó de vendarle el antebrazo-Me debes la botella de alcohol, los algodones y la venda.

-¡Ya te vale!

1-Encuentro

Episode 1- Encuentro
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Había olvidado lo que era dormir bien un domingo. La sansación de no querer levantarse hasta tarde o hasta que el hambre te arrastrase fuera de la cama...

(Sonido retumbante de bajos; grito: /Oh,yeah,baby!!/ ,guitarra eléctrica sin acordar, saltos en el techo)

...Si,lo había olvidado.
Se levanto muy a su pesar cuando el reloj marcó las nueve en punto de la mañana de su único día libre de clases. Arrastró los pies y el vuelto del pantalón del pijama, que le quedaba largo hacia la salida de su habitación...Aunque no todo era tan bonito, claro. La habitación estaba desierta a excepción de algunos libros, y su ropa, doblada sin ganas en una esquina.
Su padre se había negado a darle la cama de su cuarto,diciendo algo así como ¡Búscate la vida! y cerrándole la puerta de casa en las narices. Aaay, si su madre llega a estar...Bien, por lo que ahora dormía en un amasijo de mantas y cojines que improvisó la primera noche que se quedó.

Cosas de la independencia.

Esquivó muchísimos mas cojines esparcidos por el salón y fue a la cocina unida que tenía la casa. Abrió el mini-frigorífico y se encontró con la solitaria presencia de un bote de mermelada y un plato con una sustancia que parecía algodón verde y zumo de ciruelas.

-Cosa mas desagradable-Arrugó la nariz Ryoma, cerrando la nevera al intuir que nada se materializaría por estar mirando.

-I've been watching, I've been waiting!!! In the shadows for my time...! -Momo salió de la ducha, envuelto en una minúscula toalla,usando como micrófono un cepillo para el pelo redondo, mientras agitaba el secador en la otra mano y continuaba creyéndose un concursante de O.T..

Ryoma pasó olímpicamente de él, prosiguiendo en la búsqueda de comida en aquella casa. Mientras, la vecina de arriba seguía con sus "músicas"; aunque parecía mas bien que se le habían caído una docena de cacharros. Sumando esto a la música mega Dance que se escuchaba fuera de la puerta, desde el apartamento de Kaidoh y a Momoshiro desafinando no era raro que tuviera su primera crisis mental dentro de poco.
Le tocó hurgar en el armarito junto a la ventana, al lado del fregadero, donde solo consiguió ver paquetes y paquetes de pan para hamburguesas. Vámos, lo de siempre. Llevaba una semana y media en aquella casa y solo se alimentaba de comida precocinada.

Se dio por vencido. Bajaría a la cafetería que había cruzando la calle, como las otras tropecientas veces.

-Ah, Echizen, si bajas a la cafetería acuérdate de coger un par de servilletas, no queda papel higiénico-Dijo Momo, y continuó con su canción.

Kaoru Kaidoh era un muchacho sano, serio y responsable. Por eso ya estaba en pié y calentando al ritmo de Dance antes de salir a trotar. Le resultaba bastante nuevo aún el hecho de levantarse y estar solo en la casa. No es que tuviera miedo ni nada, no, no. Es solo que era un poco solitario. Quizás si se compraba una mascota...

Agitó la cabeza, levantando la rodilla derecha y luego la izquierda. Ya tendría tiempo de pensar en animales,ahora lo importante era mantener la forma.
Y al parecer alguien se lo quería impedir tocando la puerta.
Rezongando, apagó la música y se secó la cara con una toalla al tiempo que atendía la visita.

-Buen día, Kaoru-Inui Sadaharu saludó tras un termo plateado y largo, que brilló tan malignamente como los cristales de sus lentes opacas.

-¿Inui-sempai? Que raro que hayas salido del laboratorio de la universidad...

-Es que quería invitarte a desayunar. Por supuesto intuí que saldrías a correr, por lo que se me ocurrió ir contigo, ¿te parece? Hasta he traído mi super mejorado Aozu-Le mostró el termo y Kaidoh se puso pálido.

-Preferiría algo menos...venenoso.

-¡Pero si te va a gustar!

-F...¡Fhsss!-Y salió corriendo de su propiedad. Inmediatamente, Inui fue tras él, esquivando a Fuji y Eiji en la escalera,que subían.

-¡Nya!, ¿a que jugáis? ¿Puedo jugar yo?-Y se fue con ellos también. Fuji continuó su caminata hasta arriba, con su sonrisa impenetrable y sus ojos cerrados en un gesto dulce para aquellos que no le conocían, pero que no colaba con sus amigos.

-Buenos días Echizen. Tan temprano despierto...-Lo saludó al verlo bajando como un zombi.

-Agradéceselo a los vecinos de mi parte-Y continuó bajando con sus murmullos amenazantes con voz de ultratumba.

Fuji no se molestó en tocar. Estaban en confianza y la puerta no tenía seguro, así que entró. Se encontró con un espectáculo inédito de Takeshi Momoshiro, en mitad de su salón en bóxers hiper estrechos y gritando a un público inexistente el final de la canción Wonderfull days.
Fuji, aunque seguía sonriendo, tuvo el impulso de salir de aquel edificio y no saber nada mas de él; pero era un buen amigo, así que entró y cerró de un intencionado portazo, haciendo que Momo saltase del susto en su sitio, resbalara con un cojín rosa y cayera de culo al suelo.

-Espero que no te olvides de mi cuando estés en la cima-Dijo Fuji, avanzando hasta la entrada de la fortaleza del cojín.

-¡Mierda!-Se sobó el culo, adolorido-¡Sempai! ¿De dónde has salido? Ah, años sin verte y apareces en este momento precisamente...-Se ruborizó.

-Yo también te he echado de menos-Le ofreció la mano para ayudarle a levantar,pero por esas casualidades de la vida también resbaló y se le fue encima.

-Joder, tengo que comprarme un sofá-Hizo nota mental Momo.

-Jaja, de eso venía a hablarte. Tengo uno en mi casa que me está estorbando, ¿lo quieres?

-¡Si! ¡Claro, gracias!

-Pues invítame a desayunar-Le sonrió, sin hacer nada por separarse del pecho de Momo.

-Pues adelante. Tengo una entrevista de trabajo a las once, me da tiempo-Se levantó, apartando a Fuji lo justo para incorporarse e ir a vestirse.

En la cafetería que estaba cruzando la calle, Ryoma cabeceaba en el sofá del fondo. Siempre intentaba escoger aquel sitio, porque era lo único cómodo que había. Todo lo demás eran repartos de mesas altas donde no habían sillas.
El sofá largo y el una pieza que estaba a su izquierda quedarían bien en su actual casa...

-¿Echizen? ¡Es Echizen!-Una voz suave le habló desde atrás. Un huevo parlante se le puso delante...No, espera, seguro que estaba soñando...¿Cuándo se había dormido?

-¿Oishi-sempai?

-¡Que agradable el verte de nuevo, Echizen!-Se sentó a su lado, dejando la bufanda sobre su regazo y unas bolsas de papel en el suelo-.Pero cuéntame, ¿como has estado?-Oh, pues si que era él. No había cambiado nada en absoluto. Sus rasgos maduros se habían acentuado y sus ojos parecían brillar mas que antes, pero nada más.

-Necesito un café...-Se resignó a no dormir. Hizo un gesto a la barra, justo a su derecha por atrás de que le trajeran uno lo más cargado posible-¿Que hace aquí, sempai?

-No me llames sempai-Se ruborizó en una sonrisa-.Eiji me ha dicho que te había visto justo cuando me comentaba que Kaidoh se había mudado. Supuestamente hoy iban a visitarte y así nos reuniríamos todos aquí. ¿Dónde está?

Véase a Eiji pasando frente a la gran cristalera con el nombre de la cafetería, donde al parecer huía de Inui y su termo lleno de sustancia destructiva junto con Kaidoh, que siseaba sin parar.

-Mírale, por ahí va...-Indicó Ryoma, sorbiendo de la taza recién servida.

-No sé de dónde saca la vitalidad...Dime, Echizen, ¿como te van las cosas?

-No me quejo.

-Mm, tan poco comunicativo como siempre.

-No te creas, cuando se duerme y habla solo se da unas charlas que no veas-Apareció Momo, acompañado por Fuji, que se sentó en el sillón individual.

-El que habla solo eres tu-Contraatacó Ryoma. Momo se sentó en el brazo del sofá largo.

-Oishi-sempai, tanto tiempo-Saludó-¿Que se cuenta? ¡Oh, si, quiero café y unos bollos de crema!-Gritó luego al único camarero tras la barra.

-Oh, pues...Mis padres me echaron de casa porque no quería casarme con la mujer que habían escogido para mí-Soltó de sopetón.

-¡No me digas!-Marujeó Momo.

-Pues si. No quiero casarme con alguien que no quiero y punto.

-Porque Oishi ya tiene a alguien, ¿no?-Sonrió misteriosamente Fuji, haciéndose con uno de los bollos de Momo.

Oishi se sonrojó.

-Si. Ya podría salir con toda la selección de volley playa brasileña que no me enamoraría de ninguna-Dijo con convicción.

Primer descubrimiento del día: Oishi era gay.

-Pues yo no tengo ni trabajo ni novia. Aunque espero conseguir lo primero esta tarde-Sonrió Momo, comiendo como un cosaco.

-Ahora que lo mencionas, tengo que pagar una multa que me pusieron en el trabajo-Sonrisa Fuji.

-¿Que ocurrió?-Preocupación made in Oishi.

-Oh, nada. Es que al parecer el pillar a alguien tirándose a otro alguien en la mesa de reuniones, mientras ese misterioso "alguien" está con las manos atadas a la espalda con su propia corbata no les hace mucha gracia-Y la sonrisa seguía allí, sin inmutarse.

Segundo descubrimiento del día: Fuji pasaba los límites que separan entre sádico y psicópata perturbado.

-Claro. Lo más normal hubiese sido que te ascendieran por eso-Ironizó Momo, pasandoseles las ganas de comer al menos en dos minutos.

-Ha...¿Has sabido algo de Tezuka?-Le tembló al voz a Oishi.

-No-Dijo Fuji, cortante, mientras una aura asesina acojonante se esparcía por el lugar.

Silencio....

-¡¡Nyaaaa~~!!-Entró como una ráfaga de viento Eiji, saltando al sofá desde atrás como si quisiese esconderse de enemigos de guerra, sucediendo que aplastó a Ryoma, quien derramó el café caliente sobre Oishi, que iba a reaccionar para no quemarse; cosa que no pudo hacer porque Kaidoh se le tiró encima como si lo estuviera cubriendo de un tiroteo. Inui entraba el último, con restos de su propio "jugo" en la ropa e hiperventilado de tanta persecución, junto con Kawamura, al que había encontrado en la calle.

-Oh, no estaba en mis probabilidades el volver a reunirnos todos-Dijo, mirando la escena por encima del sillón.

-¡Nya, hola ochibi!

-Si sólo estuviera Tezuka-buchou-Dijo Taka-san, nostálgico-Oh, ¿te duele algo, Fujiko-chan?

-....-Aura asesina ululando por el aire.

-¡Hey, que llego tarde a mi entrevista!-se levantó Momo, metiéndose de una vez todos los dulces a la boca-¡Nogh femosh!-y salió corriendo; sin pagar por cierto.

-Fhsss....Supongo que ya he trotado lo mismo que en una semana de salidas...-Suspiró Kaidoh, dispuesto a comer algo.

-Yo me voy. De camino ya pienso a donde-Se escabulló Ryoma tras tirar al piso sin mucho cuidado a Eiji, que por supuestísimo fue ayudado por Oishi. Otro que se iba sin pagar.

Fuji dejó de exudar hormonas asesinas y se dispuso a buscar su diversión del día; que no fue otro que cierto joven extranjero que acababa de entrar al local.
Eiji comió tarta y se libró del jugo de Inui por los pelos, hablando con sus compañeros restantes sobre sus vidas en este tiempo; contándoles de paso que era asistente de chef en un restaurante en el centro.
Kawamura sería el próximo propietario de la tienda de Sushi.
Inui estudiaba química y composición en la universidad de Tokyo; aprovechando el laboratorio para crear las recetas de jugos nuevos y mortales.
Kaidoh había logrado mudarse porque ganó la casa en un concurso, pura chiripa. Ahora se preparaba para ser entrenador de futuros tenistas, puliendo sus propias dotes.
Oishi se las ingeniaba para vivir en una “casita” de urbanización, compaginando sus estudios universitarios con su carrera de escritor/actor de teatro. Ah, y al final tuvo que pagar la cuenta en la cafetería. Seguía siendo un buenazo.

Prefacio.

Friends

-Preface-



Quería independizarse. Había tenido su décima pelea con su padre en una tarde y ya estaba maldiciéndolo insanamente.

Aquello se estaba saliendo de control. Y aquí venia la décimo primera riña infantil;la ultima que estaría dispuesto a aguantar.

-Hey ,chico,juguemos un partido. Si pierdes, harás mi parte de la limpieza de la casa.
Obviamente, y aunque Ryoma no lo reconociera, iba a perder.

-Paso. Deja de hacer el vago y haz algo de provecho.

-¡Que insolente!-Ahí venia-¡Hablarle así a tu padre! Pues esto...-Estiro la mano y le arrebato el paquete de patatas fritas que comía su hijo, escabulléndose luego-¡es mio!

-¡Dejate de gilipolleces,papa!¡Ya no soy un crío!-Y así era. Con sus dieciséis años, Ryoma había alcanzado casi la perpetua fama en lo que a tenis se refería; pero aun así no dejaba de ser el de siempre.

-¡Venga ya! ¡Pero si eres un niñato!-Su padre era el que no había cambiado en absoluto-¡Niñato,niñato,niñato!-Infantil y molesto y siempre desvalorandolo...

-¡Te arrepentirás, viejo!-Y salio en su encuentro.

Por supuesto, la señora Echizen estaba tan acostumbrada a las carreras de esos dos por la casa que a la hora de esquivarlos lo hacia naturalmente, aprovechando el movimiento para continuar haciendo algo mas. En su mente resonaba una musiquilla de un programa de los ochenta para distraerse del ruido y las palabras mal sonantes.

-¡Algún día te tragaras tus palabras, idiota! ¡Me largare de aquí, lo juro!

-¿A si? ¡Pues ya estas tardando, niño!-Corría por el salón Nanjiro, comiéndose de paso las patatas robadas.

-¡Pero oye, que eso es mio!

-Sera tuyo cuando vivas en tu propia casa...

Dicho y hecho. Tenia la necesidad de marcharse una temporada lejos de su insufrible padre, pero carecía de medios para hacerlo. Por lo que recurrió a sus amigos mas allegados... Bueno, al único allegado que tenia...

-Y eso es lo que pasa, Momo-sempai. Así que me preguntaba si podría quedarme contigo un tiempo. Ya sabes, pagaría mis cosas y eso...

Momoshiro le escuchaba. Hace unos minutos estaba sentado en un cojín de su salón-puesto que carecía de mobiliario-intentando estudiar para un examen; cosa que fue totalmente imposible(estamos hablando de Momo xD), e iba a conectarse a la x box un rato cuando Ryoma Echizen, el senior mas popular en japón, se planto en su puerta con equipaje incluido, y pidiéndole un favor de aquel calibre.

-Si tenias pensado quedarte dijese lo que dijese, ¿para que preguntas?-Se cruzo de brazos, mirando la mochila incriminatoria.

-Mada mada dane -Dijo sin mas, autoinvitandose.

La casa de Momo era pequeña. El salón y la cocina estaban unidos, la mini-nevera arrinconada junto al fregadero. Al fondo un gran ventanal donde se veía el edificio de enfrente, y al lado izquierdo de este el baño. Caminando de frente desde la entrada, había una mesita baja, cuatro cojines en el suelo, una televisión y el videojuego. Las dos únicas habitaciones que habían estaban separadas de punta a punta del salón.

-Hum...No esta muy mal...-Opino descaradamente Ryoma, dejando el equipaje sobre la mesa.

-¿Eso es todo lo que tienes que decir?

-¿Y el sofá?

-Esperándome en la tienda. Le he dicho que sea paciente-Hizo un gesto sarcástico con el rostro.

-¿Y no te vas a comprar un ordenador?

-Oh si -Ironía de nuevo-, cuando termine de pagar el descapotable -Ryoma la miro inexpresivo- Mira, Echizen. Conseguí este piso gracias a la ayuda incondicional de mis padres. Porque creen que estando solo me concentrare mas en mis estudios.

-¿Eso no es tener demasiada fe?-Rió Ryoma.

-...Cierto -Admitió-. Pero el caso es que la mitad lo estoy pagando yo. Y por desgracia me despidieron de mi trabajo de medio tiempo, ¿comprendes?

-Oh, si ,es muy mala suerte -Ryoma se había puesto a jugar al tennis competicion 07 en la X box. Momoshiro lo volvió a intentar...

-Lo que quiero decir es que hasta que no encuentre otro trabajo el dinero escaseara, ¿sabes?

-No te preocupes -Momo sonrió pensando que por fin había entendido sus palabras-. Te ayudare a encontrar otro trabajo -Que no, que no lo entendía.

-Vale. ¿Porque no dependemos de tu dinero y tu entiendes lo que digo? -Ryoma le miro.

-¿Mi dinero?

-Si. Tu ibas a pagarme los gastos, ¿no? Eso significa que tienes trabajo, ¿verdad?

-Ahm...¡Si! ¡Eso es! Pero aun no he cobrado.

-Aun me queda el suficiente dinero para no morirme de hambre. Tendremos que hacer la compra al final del mes.

-Si, si-Bueno, con Momo al menos podría estar algo tranquilo...

Dos días después...

Ryoma subía las escaleras hasta el tercer piso el mediodía del sábado, un grupo de chicos subían algunos armarios. Bueno, un grupo de chicos y Fuji, quien solo cargaba una maceta con un cactus.

-¿Echizen? Vaya, ¿que haces aquí? Hace un tiempo que no te veía...-La sonrisa del tensai no había cambiado en nada....aunque se le notaba mas perfeccionada si su intención era amenazar con ella.

-Fuji-sempai, ¿te estas mudando aquí? -No lo pregunto con mucha ilusión al ver que se trataba del apartamento en frente al de Momoshiro.

-¡Oh, no! Solo estoy conmemorando la independizacion de un amigo.

-¿Un amigo?-Esa sonrisa no le presagiaba nada bueno.

-¡Aparta, Fujiko, voy ardiendo! ¡Inspiracion!-Aquel grito de guerra tampoco era alentador.

-¡Nyaa, Taka-san es el mas fuerteee!-Y aquel estúpido maullido tampoco le gustaba lo mas mínimo. Doblando la esquina venia Kawamura, cargando una cómoda con la raqueta atrapada entre los dedos y justo detrás, Eiji Kikumaru sosteniendo un cepillo para el retrete.

-No me digas que se muda el...-Ryoma desesperanzado. Ya había conseguido librarse de los titulares cuando abandonaron el instituto. ¿Por que tenia que vérselos otra vez?

-No, el aun vive con sus padres, y Taka-san lleva con su padre el restaurante de sushi, hace tiempo que no hablamos, ¿eh?A propósito Echizen, ¿sales con alguien? -Levanto el meñique graciosamente, acorralando a Ryoma contra la puerta del departamento que compartía con Momo- No se, tal vez con la nieta de la Sña. Sumire...

A Ryoma se le erizo la piel.

-Piensa en la estupidez que acabas de decir...

-Oh, bueno, es que desde que Tezuka se fue a Alemania estoy buscando un compañero para amistad y lo que surja -Voz seductora que a Ryoma le pareció mas a un subalterno del anticristo- Mayormente, lo que surja.

-Entiendo...-Buscando el pomo de la puerta desesperadamente. Fuji se giro, caminando a la puerta de enfrente con su cactus en la mano.

-Aunque me gustabas mas cuando eras mas menor de edad.

-¿¡Que?!

-Que te he echado de menos de verdad -Se corrigió. Ryoma se alegro de que no fuera el el que se mudaba. Pero se pregunto de quien podría tratarse.

-Fhsss... Puedes dejar eso al fondo -No...- Gracias por tu gran ayuda, sempai -Tenia que ser una broma...- Echizen, estorbas.

-¿¡Kaidoh-sempai!? -El grito retumbo tanto que la puerta de enfrente se abrió y apareció un Momoshiro mojado envuelto en una toalla.

-¿Que pasa? ¿Que es esto? -Momo siguió el dedo indicador de Ryoma- ¿Mamushi? ¿Que carajo haces aquí?

-¿Tu diminuto cerebro no puede intuirlo? ¡Me estoy mudando!

-¿Que? ¡Ni hablar, no! De todos los lugares que habían, ¿vienes a este? ¿Tienes el propósito de amargarme la existencia?

-¡Como si no tuviera nada mas interesante que hacer! -Se acerco a el, apretando los puños.

-Perdona que lo dude. ¡Ahora largo! Arrastra tu trasero fuera de aquí.

-¡Te pateare el tuyo como no cierres esa bocaza! ¡Si tienes alguna queja sobre mi dejalas en el buzón!

-¿¡A si!? ¡Pues no esperes que te deje sal cuando vengas a pedírmela! -Y muy dignamente, volvió a su apartamento, dando un portazo.

Y se hizo el silencio incomodo...

-Momo siempre tan profundo -Sonrio Fuji.

-Bueno, no han sido amables por un poquito así-Hizo un gesto con los dedos Eiji.

Ryoma estaba debatiéndose entre volver a casa y ser molestado por su padre o participar en la guerra entre Momo y Kaidoh; que era lo que pasaría si se quedaba.

-Echizen, ¿te unes a la mudanza?

-No. Por desgracia estoy muy ocupado...no haciendo nada. Así que, que os cunda-Y se metió al apartamento.

Y así había comenzado todo. Ryoma vivía con Momoshiro, Kaidoh se acababa de mudar al piso de enfrente y a la vecina de arriba le iba el hard rock; sin hablar de que el anciano del primero se creía Mickel Jackson.

En fin....sin comentarios.